Rancho Las Voces

Galería / George A. Eisenman: «Architectural Study»

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Architectural Study
1950s


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Fotografía / España: Exponen «Guía nocturna de museos» de Fernando Maquieira

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Fernando Maquieira
Vista de sala. (Foto: Fernando Maquieira)

C iudad Juárez, Chihuahua. 21 de julio de 2017. (RanchoNEWS).- ¿Quién no ha soñado con quedarse a solas en un museo, durante la noche? Fernando Maquieira (Puertollano, 1966) ha tenido el privilegio de recorrer, en esas horas en las que las obras quedan calladas y a oscuras pero no duermen, salas y galerías de medio centenar de museos del mundo, espiando apariciones, sombras y reflejos producidos por las tenues luces de seguridad o de las ventanas. Las fotografías que presenta son de excelencia técnica, como cabía esperar de un profesional del medio que -manténganlo en mente- vive entre otras cosas de la reproducción de obras de arte. Pero también evidencian un notable talento compositivo y una acusada sensibilidad para captar situaciones espaciales y lumínicas misteriosas. Además, ha sabido crear una ambientación perfecta para la contemplación de estas fotografías -con la complicidad de Paco Gómez, comisario, amigo y también artista- sumiéndolas en las tinieblas y aprovechando cristaleras y vanos para simular condiciones similares a las que se dan en los museos cuando se apagan las luces. Toda la muestra es una gran instalación, en la que se cuida cada detalle, desde las advertencias preliminares en el atrio a los marcos y el montaje, e incluye una lóbrega gipsoteca en la que los más valientes sentirán al menos cierta intranquilidad. Una nota de Elena Vozmediano para El Cultural.

El fondo argumental de la exposición es de enorme interés. De un lado, como Maquieira nos recuerda, los artistas realizaron durante siglos obras que nunca verían la luz -en las cavernas, en los sancta santorum, en alturas y profundidades inaccesibles- y esa condición de invisibilidad reforzaba de una forma u otra su aura y les confería un estatus de excepcionalidad fascinante. De otro, nos hace pensar en la historia de los museos, en cómo el afán democratizador del que deriva su origen hizo que se instalara, en cuanto fue posible, iluminación artificial para favorecer que las clases trabajadoras pudieran visitarlos después de su jornada laboral. El Victoria and Albert Museum de Londres -entonces South Kensington Museum- fue el primero en utilizar lámparas de gas, en 1857, y el British Museum, que renunció a ellas por miedo a los incendios, fue pionero en el uso de la luz eléctrica, en 1890. A la luz natural, las obras de arte, sobre todo las pinturas, son muy diferentes a cómo las solemos ver desde entonces en los museos. Basta para comprobarlo ir a una de tantas iglesias en las que para ver el cuadro o el fresco célebre hay que echar monedas que encienden los focos: de súbito, las formas se dibujan, los colores se animan. Con menos luz, de noche, las imágenes se esconden. Maquieira respeta ese replegamiento, ese descanso suyo de leds y de ojos, y las muestra en sus habitaciones, respirando un mismo aire penumbroso, ya extinguido el efecto aislante y aplanador de los focos. La «buena» fotografía de pinturas requiere que sean bañadas de forma homogénea en luz artificial; ¿qué ocurre cuando las tiñen las engañosas sombras?

Con esta exposición, el artista ha dado un giro muy positivo a su trayectoria, hasta ahora poco destacable. Pero no sin fallos: alguno de los conjuntos, como el de los esclavos de Miguel Ángel, flojea; la última sala, con fotografías traslúcidas suspendidas, es un error garrafal que rompe el clima hasta allí construido; y, aun valorando su generosidad, se debería haber ahorrado la invitación a Juanan Requena para complementar su propuesta.


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Música / Plácido Domingo regresará a Bayreuth en 2018 como director de «La Valkiria»

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Plácido Domingo
El tenor participará en el festival alemán consagrado a Wagner 18 años después de su última actuación allí. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 25 de julio de 2017. (RanchoNEWS).- Plácido Domingo (Madrid, 1941) volverá a Bayreuth 18 años después. La dirección del emblemático festival de ópera consagrado a Richard Wagner (y fundado por él mismo en 1876) que se celebra cada año en la ciudad de Baviera ha confirmado hoy que el tenor será el plato fuerte de la programación de la próxima edición, pero esta vez en calidad de director de orquesta, faceta que el músico español ha cultivado especialmente en los últimos años. Una nota de la redacción de El Cultural.

Domingo dirigirá La Valkiria, que además se representará por primera vez en el festival wagneriano de manera autónoma, ya que hasta ahora se ha representado en Bayreuth la teatralogía completa, formada por El Oro del Rin, La Valkiria, Sigfrido y El ocaso de los dioses. También será también la primera ocasión en que el músico dirija una ópera en Bayreuth, donde ya había participado como solista en La Valkiria y en Parsifal, así como la primera vez que una batuta española dirija en el foso del Festspielhaus.

Domingo se pondrá al frente de esa ópera para tres galas a lo largo del verano de 2018, informa Efe, con la puesta en escena del dramaturgo berlinés Frank Castorf, una producción rompedora que fue estrenada en 2014 entre fuertes abucheos, pero que con los años ha ganado aceptación entre el exigente público de Bayreuth.

La edición de este año se inaugura hoy con el estreno de Los maestros cantores de Nuremberg. Se trata de un evento con una carga simbólica importante: dirige la ópera el australiano Barrie Kosky, el primer judío al que se confía la dirección en este templo wagneriano de la que fue la ópera preferida de Adolf Hitler. A la apertura se espera la asistencia de la canciller, Angela Merkel, asidua a esa cita operística junto a su esposo, el catedrático Joachim Sauer, así como a los reyes suecos, Carlos Gustavo y Silvia.

La pieza de Kosky, desde 2012 director general de la Ópera Cómica de Berlín, es el único estreno de la temporada, de acuerdo a la tradición de la casa de ofrecer, a lo sumo, una producción nueva por año, y de completar con reposiciones el resto de la programación.

El minimalista Tristán e Isolda estrenado el año pasado por la biznieta del compositor y directora del festival, Katharina Wagner, con Christian Thielemann, su director musical titular, tendrá su segunda oportunidad en Bayreuth. Le seguirá Parsifal, bajo la dirección de Harmut Haenchen y Uwe Ulrich Laufenberg, y finalmente el Anillo de Castorf.


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Artes Plásticas / México: Recopilan 150 textos de la crítica de arte Ida Rodríguez Prampolini

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 Ida Rodríguez Prampolini. La crítica de arte en el siglo XX
Ida Rodríguez Prampolini; más allá del nacionalismo. (Foto: Tomadas del libro Ida Rodríguez Prampolini. La crítica de arte en el siglo XX)

C iudad Juárez, Chihuahua. 25 de julio de 2017. (RanchoNEWS).- Recuperan y compilan, por primera vez, los 150 textos que escribió la historiadora y crítica de arte Ida Rodríguez Prampolini, entre 1950 y 1997, donde yacen las claves para comprender la historia del arte contemporáneo, donde lo mismo habla de José Luis Cuevas, Mathias Goeritz, Paul Klee y Pedro Friedeberg, que de la Escuela de Altamira, los dadaístas y Los Hartos, en el libro Ida Rodríguez Prampolini. La crítica de arte en el siglo XX, publicado por el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Juan Carlos Talavera escribe para Excélsior

El volumen fue integrado por Cristóbal Andrés Jácome –alumno de Prampolini– con ensayos introductorios de Rita Eder, Jennifer Josten, James Oles y el propio Jácome, quien reconoció a Excélsior que, aunque Rodríguez Prampolini hoy es una lectura obligada para historiadores y críticos de arte, al principio fue acusada de pervertir a la juventud con sus ideas.

El volumen incluye 16 textos publicados en Excélsior, entre los que destacan: Consideraciones en torno a la IX Bienal de São Paulo, Crimen en la casa de Juan O’Gorman. Prueba del subdesarrollo cultural, Arquitectura para los pobres, Los guardianes de la ideología del sexenio, Ramón Alva de la Canal y Remedios Varo y Frida Kahlo.

¿Cómo definiría el trabajo de Prampolini y su influencia en la historia del arte del siglo XX?, se le pregunta vía electrónica a Cristóbal Jácome.  «Mientras algunos de los críticos de principios de los 60 asumieron la crítica de arte como un pretexto literario para tejer paradojas y otros continuaban defendiendo el canon nacionalista, Rodríguez Prampolini atendió de manera directa el debate y la polémica que generaban las prácticas artísticas experimentales surgidas en la década».

Además, en el contexto mexicano, su crítica la llevó a afirmar que en México no había artistas, añadió. «Esta afirmación responde a un ambiente en el cual prevalecía una anquilosada disputa entre arte realista y abstracto que, para la mirada cosmopolita de la autora, había quedado muy atrás y lo realmente actual en el arte eran expresiones experimentales como la poesía concreta, el arte pop o los entonces llamados environments (ahora instalaciones), cuyas prácticas estaban insertas en centros artísticos como Nueva York, París, Los Ángeles, Berlín, mientras que México parecía arrastrar una disputa que pertenecía a los años subsecuentes a la posguerra».

La necesidad de entender el panorama de los años 60 llevó a la autora a escribir estos artículos que dibujaron un perfil intelectual independiente y un compromiso con el arte de su época, más allá de la ceguera de otros que seguían perpetuando el discurso nacionalista del arte mexicano.

¿Por qué Rodríguez Prampolini abordó tanto el siglo XIX como el XX desde la crítica?, se le cuestionó a Jácome. «Rodríguez Prampolini se formó en la carrera de Historia y, desde muy temprano, se le exigió una información erudita y analizar el pasado con metodologías como el Historicismo... últimamente ella recuerda esos años formativos y cuenta que O’Gorman no sólo fue uno de sus maestros más influyentes, sino el primero que reconoció el gran poder que ella poseía para documentar y pensar la historia».

Así que este volumen «es el resultado del interés por clarificar el panorama de la crítica de arte y las artes visuales en la segunda mitad del siglo XX. Y al comenzar a trabajar en ello, a partir de la obra de Rodríguez Prampolini, asumí un compromiso no sólo con el trabajo de la autora sino también con el conocimiento acerca de cómo se había tramado la historia de la cultura moderna y contemporánea en México».

Y añadió: «Recientemente se ha producido un creciente debate sobre el estado de la crítica actual. Las opiniones, aunque diversas, coinciden en un mismo punto: es necesario conocer la historia de la crítica de arte en México. Tengo la certeza de que el trabajo de Rodríguez Prampolini contribuirá a conocer una parte crucial de esta historia y a formular nuevos debates alrededor de la crítica. Así que al ofrecer un compendio del pensamiento plural y complejo de una de las voces más influyentes, es como este libro busca incentivar la reescritura sobre los procesos culturales y artísticos del siglo pasado».

Café frío

Para Cristóbal Andrés Jácome, una de las mayores muestras de lucidez de la crítica de arte reside en su poder de comunicación con públicos amplios. Así que cuando escribió los artículos sobre un arte nuevo y experimental, lo hizo de una manera accesible, ya que estaban dirigidos a lectores de los periódicos de mayor circulación a nivel nacional.

Uno de los cambios más fuertes que Rodríguez Prampolini experimentó tuvo su origen en 1968, y «como muchos de los intelectuales de su generación, ella asumió una postura de incidencia social activa después del fin del movimiento estudiantil».

¿Influyó José Revueltas en su ideología? «Recuerdo a Ida contando que conoció a Revueltas cuando grupos de intelectuales acudían, en 1953, al recién inaugurado Museo Experimental El Eco, de Mathias Goeritz. Sin embargo, estableció una fuerte amistad con Pepe en el verano de 1968, cuando el Movimiento Estudiantil tomó mayor fuerza. Como es sabido, Revueltas fue encarcelado e Ida fue una de las personas que más lo frecuentaron en Lecumberri y sirvió como intermediaria entre Revueltas y grupos aún activos en la lucha social».¿Considera que Rodríguez Prampolini tuvo la capacidad de ver los grandes grupos artísticos más allá de la Ruptura? «Claro. Su mirada estaba ubicada en una serie de prácticas ajenas a lo llamado Ruptura. Éste es un término localizado en el debate entre un viejo régimen visual de pintores realistas frente a pintores abstractos o críticos ante el muralismo. A Ida Rodríguez Prampolini esta dicotomía le parecía, como se decía en esa época, ‘café frío’.

«Hoy en día los textos de Ida Rodríguez nos resultan básicos a los historiadores del arte que hemos dejado de mencionar la noción de ‘Generación de Ruptura’, para comprender el arte de los cincuenta y sesenta, y nos ha interesado más entender cómo desde diversas disciplinas el estatuto artístico cambió en diferentes disciplinas para analizar una serie de intercambios entre artistas trabajando en México y sus múltiples conexiones con los de otras latitudes».

¿Por qué Prampolini consideraba que personajes como Marta Traba tenían una visión parcial que respondía al «más rancio colonialismo cultural»? «Esta opinión de Ida sobre Traba está publicada en la revista Artes Visuales y es una reseña del libro La zona del silencio... Pero más allá de la divergencia de opinión entre Ida y Traba sobre arte mexicano, creo que hay que pensar el papel que jugaba Traba en la conformación de un panorama político-cultural y por qué la historiadora mexicana la criticó de esa forma.

Y añadió: «En 1976, año de la publicación de este libro, Traba era bien conocida por su alianza con José Gómez Sicre, director de Artes Visuales de la Organización de Estados Americanos; esta alianza cultivada desde los años cincuenta despertó un sinnúmero de debates en los críticos latinoamericanos de la generación. Para muchos, Gómez Sicre representaba el anticomunismo y el poder del imperio estadunidense expandido al campo del arte latinoamericano. Traba había funcionado como su aliada y portavoz en muchas ocasiones...», concluyó


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Teatro / Ciudad Juárez: Reseña del XXXV Festival de Teatro de la Ciudad

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La actriz Amanda Judith en el papel de Fátima de la obra «Inevitable». (Foto: Jorge Cuevas)

Ciudad Juárez, Chihuahua. 20 de julio de 2017. (RMV / RanchoNEWS).– Esta noche terminó el 35 Festival de Teatro organizado por el Instituto para la Cultura del Municipio de Juárez (IPACULT), resultando ganadora la obra «Los Cuervos no se peinan» a cargo de la compañía Telón de Arena, haciéndose acreedores de un permio de 20 mil pesos por ocupar el primer lugar, reporta Comunicación Social del Municipio.

El segundo lugar correspondió a la obra «Malas Palabras» a cargo de la compañía Arcadia Teatro y el tercer lugar fue para la producción «Oficio de Bufones» de Telón de Arena, quienes recibieron un premio de 15 mil y 10 mil pesos respectivamente.

La ceremonia de clausura estuvo encabezada por el Presidente Municipal Armando Cabada Alvídrez, y en ella las manifestaciones de apoyo a las agrupaciones que participaron no se hicieron esperar.

«Para nosotros es muy importante promover la cultura a través del arte, lamentablemente a veces no se abren los espacios y entendemos la cuestión económica por la que pasan las compañías para seguir publicitando sus obras y crecer en producción, por eso decidimos que las entradas completas sean entregadas a las compañías que participaron», comentó el Presidente Municipal.

Dijo, que espera que el próximo año el Festival de Teatro se amplié con más obras, pues en esta edición se contó con muy buena asistencia por parte de la ciudadanía, además de comprometerse a facilitar los espacios para ello.

Por primera vez en la historia del festival el reconocimiento a mejor actriz se entregó dos artistas: Nahomi Ochoa Abbud de la obra «Oficio de Bufones» y Claudia Rivera Caldera de «Los Cuervos No Se Peinan»; como mejor actor Abraxas Trías de la obra «Oficio de Bufones» y como mejor director Elizabeth Juárez por «Malas Palabras».

A cada una de las seis compañías que produjeron las siete obras participantes, se les hizo entrega de un reconocimiento y el monto de la taquilla que entró en su presentación durante los días del 14 al 20 de julio en el Auditorio Benito Juárez.

También participaron en la ceremonia los funcionarios Miguel Ángel Mendoza Director del IPACULT; Austria Galindo Rodríguez, subsecretaria de Cultura en la Zona Norte y los directores de las siete puestas en escena.

El jurado calificador estuvo integrado por los maestros Raúl Valles González, Elsa Sáenz Trillo, Pablo Marín Vázquez y Carlos Montiel.

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A continuación una breve reseña del Festival

«Inevitable» de Hybris Teatro y Colectivo Vagón

La obra de Ismael Hernández narra el conflicto de una relación de una pareja contemporánea (Rodrigo y Fátima), que se agudiza con la próxima muerte de Rodrigo. Los personajes están muy bien construidos y el argumento es interesante.

La dirección de Marco Martínez fue muy atinada, en particular su planteamiento de diseño de escenografía e iluminación; lamentablemente la actuación demeritó la producción porque la voz de los actores (Ismael Montes y Amanda Judith, que prometen mejor trabajo) no tuvo la suficiente potencia, pese al empleo de micrófonos.



«Malas palabras» de Arcadia Teatro

La obra de Perla Szuchmacher (1946-2010), dramaturga argentina radicada en México y quien es considerada precursora del teatro infantil en América Latina, nos cuenta el proceso que sufre la niña Flor cuando descubre que es adoptada y la manera cómo logra asimilarlo.

El montaje fue muy bueno en todos sus aspectos, además del gran acierto de la musicalización en vivo a cargo del guitarrista Daniel Colín que interpretó la composición de Antonio Machado.

Elizabeth Juárez no sólo es una directora muy fina e inteligente, sino también una muy buena actriz, su actuación en el papel de Flor fue muy convincente en el reto que siempre imjplica actuar como niño.



«Macario y la alcantarilla» de Alquimia Teatro

Claudia Gutiérrez explora con este monólogo el oscuro mundo de un joven con problemas mentales que es explotado y vive en calidad de bestia.

El actor Gabriel Reyes, con su profesionalismo, pudo darle vida a un personaje hijo de la sordidez.



«Los cuervos no se peinan» de Telón de Arena

La dramaturga mexicana Maribel Carrasco da buena muestra de sus capacidades con esta obra infantil que incide –como bien apunta el grupo– en temas como el amor, la diversidad, el bulliying y la búsqueda de identidad personal.

La producción de Guadalupe de la Mora y la dirección de César Cabrera consiguieron una muy buena versión, a la que contribuyó bastante la actuación de Amalia Molina en el papel de la Mujer del Sombrero Rojo.



«Las tres viejas» de La Bodeguita del Arte

La obra que Alejandro Jodorowsky escribió en el 2003 puede ser tomada como una crónica de la decadencia. Dos mellizas octagenarias y aristócratas enfrentan sus demonios personales (básicamente son víctimas de represión sexual) vigiladas por una criada que se ocupa en tratar de regresarlas a la realidad.

Jodorowsky la califica como melodrama grotesco y realmente lo es. La obra alterna entre momentos de comicidad y de tragedia dentro de un ámbito grotesco.

La producción de la compañía La Bodeguita de Arte, con la dirección de Héctor Reyes, consiguió una interpretación fiel a la estética de Jodorowsky.



«Oficio de bufones» de Telón de Arena

Perla de la Rosa, basada en textos del dramaturgo italiano Darío Fo (1926-2016), compuso esta obra consistente en varios misterios bufos, a los que aderezó con referencias locales, que los hicieron más divertidos.

La misma Perla de la Rosa dirigió este montaje con una cuidada producción de la compañía Telón de Arena, dentro de la cual habría que resaltar el vestuario a cargo de María Elena Ruiz.



«Curva peligrosa» de 1939 Teatro Norte

La obra de Pilo Galindo explora el mundo de los adolescentes, sus problemas y sus relaciones, un tema al cual es afecto el dramaturgo.

El montaje, que también dirigió, lo hizo con jóvenes actores, como parte de su trabajo social que realiza en escuelas de la ciudad, que actuaron con frescura y memorizaron bien sus parlamentos, pero los expresaron demasiado rápido, así mismo con sus movimientos




Semblanzas del jurado del 35 Festival de Teatro de la Ciudad

Elsa Sáenz Trillo hizo el bachillerato en arte con extensión pedagógica, obteniendo el título de instructora de arte integral. Estudió en la escuela nacional de arte teatral del INBA y pedagogía en la UNAM; es licenciada en docencia y máster en educación. Fue alumna de Susana Alexander y Alejandro Bichir, entre otros. Participó como actriz en más de 46 montajes escénicos y dirigió 13 obras. Nombrada por la prensa de Veracruz como mejor actriz en el IV Encuentro Nacional de Teatro, 1981; mención honorífica como mejor grupo y mejor dirección en la IV Muestra Nacional de lo Mejor del Teatro de Provincia, 1981; primer lugar en concurso regional de teatro en el Estado de México, 1985; y recibió la placa de reconocimiento por 26 años de trayectoria artística, otorgada por el gobierno municipal de CHIHUAHUA, 2007. Actualmente se desempeña como pedagoga teatral en el Centro de Educación Artística (CEDART) David Alfaro Siqueiros del INBA.

Raúl Valles es director, dramaturgo y docente investigador de la Facultad de Artes. Tiene publicados los libros Hombres cosa, hombres miedo (Flor de Arena, 2006), Un estudio sobre el actor (Libros de Godot, 2010), Rumbo a vacío (Solar, 2011), Teatro antilógico: estéticas de la otredad del cuerpo y la escena (Paso de Gato, 2015) y Escrituras para la escena (Textos de la Capilla, 2016). Así mismo su trabajo dramatúrgico ha aparecido en colecciones como Teatro de la Gruta XII y Tramoya. Ha realizado viajes de investigación a Dinamarca, Polonia, Irán y EU, e impartido talleres, entrenamientos especializados y clases de máster en México, Irán y EU. En Irán creó la pieza teatral Lemnos, con actores y dramaturgos persas como director huésped por el prestigioso Fadjr International Theater Festival en 2008. Sus piezas teatrales más relevantes a la fecha son: Magnetar, Santuario, Duncan (Beca Jóvenes Creadores FONCA, Dirección Escénica, 2012) y La herencia de Edipo (Mejor Obra Internacional en el Festival de Teatro de Teherán, Irán, 2006). Actualmente dirige el Laboratorio de Investigación del Cuerpo y la Escena de la Facultad de Artes, UACh y colabora en la Asociación Mexicana de Investigadores de Teatro, AMIT.

Pablo Marín egresó con mención honorífica de la Escuela Nacional de Arte Teatral con las obras Madre coraje, bajo la dirección de Bruno Bert y Pool (No water), dirigida por Martín Acosta; perfeccionó su técnica en el Collegi del Teatre de Barcelona con el maestro Jordi Godall. En teatro, ha trabajado como actor de diversos montajes profesionales, de los cuales destacan: Sentido de Anja Hilling, dirigido por Hugo Arrevillaga; El amor de las luciérnagas, de Alejandro Ricaño; Si no lo cuentas tú ¿quién lo sabrá?, de Bertha Hiriat, dirigido por Ewa Priotowska; Escurrimiento y anticoagulantes, de David Gaitán; y NADA, de Anja Hilling, dirigido por Mariana Giménez. Ha asistido a festivales de teatro internacionales y nacionales, tales como La Muestra Nacional de teatro 2011 y 2013; el Festival Internacional de Teatro de Manizales, Colombia en 2013; el Festival Internacional de Teatro Infantil y Juvenil ASSITEJ, en Varsovia; el XXIV Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz, en el 2014; el XLIII Festival Internacional Cervantino, en el 2015 y el Festival CASA, Londres del 2015. El año pasado dirigió la obra Shanghai, de Gibrán Portela y estrenó Proyecto Escocia, primer proyecto de la compañía Patolobo, de la que es gestor, productor y fundador. Ha trabajado también como diseñador de vestuario en televisión, cine y teatro. Actualmente es beneficiario del programa Creadores Escénicos del FONCA, emisión 2016.

Carlos Urani Montiel pertenece al Sistema Nacional de Investigadores del CONACyT; obtuvo su licenciatura en Letras Hispánicas en la Universidad Autónoma Metropolitana, de la Ciudad de México, donde escribió una tesis, acreedora a la medalla al mérito universitario, sobre el arte escénico de Lope de Rueda. Es doctor en Estudios Hispánicos por parte de la Universidad de Western Ontario, en Canadá. Su trabajo sobre crítica teatral ha sido publicado en diferentes revistas académicas: Bulletin of the Comediantes, Signos Literarios, Latin American Perspectives y el Anuario Calderoniano. Actualmente es catedrático del Departamento de Humanidades de la UACJ, en donde imparte el seminario de Archivo y memoria en el teatro mexicano contemporáneo, en la Maestría en Estudios Literarios. Es también director de los proyectos Cartografía literaria de Ciudad Juárez y del Centro de investigación y documentación dramática Norteatro.

A manera de conclusión

La asistencia al festival fue menor que en otros años, tal vez por falta de difusión. La buena noticia fue que el sistema de refrigeración del Auditorio Benito Juárez ya está funcionando, que hubo programas de mano y particularmente que hubo un jurado calificado. Se sintió una mejor organización.

Todavía quedaría pendiente trasladar el festival a un espacio con mejor acústica, como el Teatro Víctor Hugo Rascón Banda del Centro Cultural Paso del Norte.


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Fotografía / México: Pedro Valtierra, 31 años de «Cuartoscuro»

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archivo
Reconocido con el Premio Nacional de Periodismo en múltiples ocasiones. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 24 de julio de 2017. (RanchoNEWS).- Cuando Madame Calderón de la Barca viajó a nuestra nación en el año de 1839 y comenzó a escribir La vida en México durante una residencia de dos años en ese país, acertó en escribir bellamente que no existía una sola escena en la cotidianidad nacional que no fuera digna de un cuadro. En estos años, dicha realidad la confirman, día a día, los fotoperiodistas; y Pedro Valtierra, como nadie, ha sabido interpretarla a través de imágenes que retratan los rostros de la indignación, el dolor, la protesta y la crudeza de la realidad sin dejar de lado los matices de la belleza y el arte de su oficio. Javier Vieyra Galán escribe para Siempre!.

Poseedor de un admirable trabajo a lo largo de más de tres décadas, Pedro Valtierra ha sido testigo de importantes acontecimientos a lo largo de la historia nacional y del mundo. Su lente ha capturado acontecimientos tan trascendentes como la visita de el papa Juan Pablo II a Cuba en 1998 y los diferentes conflictos armados en El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Marruecos; además, en México, documentó la nacionalización de la banca en 1982, los trágicos sismos de 1985 y el surgimiento del EZLN junto con el asesinato de Luis Donaldo Colosio en 1994.

En un apartado especial de su obra se encuentran los entrañables y afamados cuadros que ha podido realizarle a grandes figuras de la intelectualidad como Gabriel García Márquez, Elena Poniatowska, Jorge Luis Borges y José Saramago.

Reconocido con el Premio Nacional de Periodismo en múltiples ocasiones , el fotógrafo zacatecano tiene como su mayor orgullo el haber forjado a decenas de profesionales de la imagen a través de Cuartoscuro, agencia que en treinta y un años de existencia se ha convertido en un prestigioso referente del periodismo mexicano.

Contando en su haber con una revista homónima que, en este 2017, cumple ya veinticuatro años, Pedro Valtierra siempre ha resaltado la ética y el respeto para realizar su trabajo, además de la importancia y la necesidad de que las imágenes transmitan historias y su contenido abra a debate temas coyunturales.

Quien fuera también fundador y jefe de fotografía de La Jornada, tiene en Cuartoscuro la responsabilidad de mantener a su cargo uno de los archivos fotográficos más importantes a nivel nacional: actualmente, el acervo cuenta con seis millones de fotos en digital, seiscientos mil negativos y cien mil transparencias; todo el material se encuentra debidamente organizado y sistematizado.

Recientemente, Valtierra presentó en el Museo Zacatecano Pasión por lo cotidiano, una exposición itinerante que ha viajado ya a diferentes estados de la República y que reúne una muestra importante de sus fotografías desde 1973 a la fecha.


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Libros / «La apasionada vida de Modigliani» de André Salmon

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1918
Amedeo Modigliani fotografiado en 1918. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 21 de julio de 2017. (RanchoNEWS).- Si quiere saber cómo llegaron las drogas -el hachís y el opio- a los artistas de Montmartre o a qué veterinario llevaba su perro Picasso en 1906 o lo que opinaba Brancusi sobre Rodin («es un chanchullero de barro») no deje de leer este libro. Encontrará estas y otras muchas informaciones de primera mano acerca de un tiempo y un lugar míticos (lo que se conoce por «el París de las primeras vanguardias»). Escribe para El Cultural José María Perreño.

Su autor, André Salmon (París, 1881- 1969), fue uno de los actores con más texto de aquel melodrama. De familia de artistas, poeta y crítico de arte, fue temprano defensor del cubismo junto con Apollinaire y Raynal (al parecer, y quien dio a Les demoiselles d'Avignon su título definitivo). Entre sus amigos más próximos se encontraban el poeta Max Jacob y los pintores Ortiz de Zárate, Moïse Kisling y Amadeo Modigliani. A este último le dedicó no menos de cuatro libros, el primero en 1926 y el penúltimo, este que comentamos, en 1957. Y junto con Kisling y Emmanuel Modigliani presidió su funeral. Sirvan estos datos para caracterizar tanto la familiaridad del autor con el mundo que describe como la preferencia por el pintor al que dedica esta apasionada biografía. En ella su protagonista emerge de una copiosa memoria de situaciones y personajes, algunos estelares y otros completamente olvidados. Es, por tanto, un retrato con paisaje al fondo.

En ocasiones el paisaje es incluso más interesante que el retratado y en otras nos desborda el anecdotario. Entre la obra y la vida de un artista hay una distancia inmensa. El caso de Modigliani es quizás uno de los más extremos. Por un lado tenemos una serie de retratos de hombres y sobre todo de mujeres, de facciones característicamente alargadas y de perfiles bien cortados. Sus escasas esculturas tienen la misma belleza elegante. Y están sus desnudos, que emanan una felicidad casi palpable (y que causaron la clausura de su única exposición en vida). Es decir, tenemos una obra nada dramática, llena de serenidad y equilibrio. Y a su lado, una vida desaforada, la de alguien que ahogaba su inseguridad en alcohol, que vivió en la miseria y murió a los 35 años. Su compañera, Jeanne Hébuterne, estaba embarazada, pero eso no le impidió arrojarse al día siguiente por la ventana. Tenía entonces 21 años y sus padres no quisieron que la enterraran con el pintor.

Naturalmente que una vida desventurada no es la condición del artista, pero no infravaloremos las dificultades que conlleva alojar un genio en tu interior. Saber desarrollarlo, sin asfixiarlo ni sucumbir a su vibración transformadora es algo que pocos logran. Modigliani, en palabras de Salmon, «jamás tuvo otra ambición que la de llegar a convertirse en un gran artista. Jamás se rebajó a calcular sus posibilidades». En efecto, como certifica el autor muchas páginas después, esa ambición sin previsiones le condujo directamente «a una tumba decente costeada por los amigos, y un lugar de honor en las paredes de los museos de Italia, de Francia y de los Estados Unidos».

Amedeo Clemente Modigliani nació en Livorno en 1884 y falleció en París en 1920. Los manuales le catalogan como un miembro de la Escuela de París, que por entonces acogía a artistas de todas las nacionalidades. Su obra, que goza de un genuino aprecio del público, como pocos artistas disfrutan (Van Gogh, Chagall o Renoir) es la prueba de que la historia del arte se podría construir tanto a través de los movimientos y los estilos como a través de sus excepciones.

Modigliani bebió de las fuentes que manaban en su tiempo: expresionismo y primitivismo, fundamentalmente. Pero supo fundirlos en un cimbreante clasicismo cuya pureza de líneas no renuncia a trasmitir sensualidad ni emociones. Consolidó y desarrolló este estilo a través de incontables penalidades, como la flor que surge de un tronco negro y retorcido. Y, dramáticamente, sólo lo practicó durante los últimos cinco años de su vida. Su forma de pintar es inconfundible y sólo se parece a sí misma. Se alza solitaria, sin participar de ninguno de los movimientos de su época. A un siglo de distancia de su muerte, podemos decir que sus cuadros rara vez cambian de manos y cuando lo hacen alcanzan precios astronómicos. No ha tenido seguidores, sólo imitadores y es constantemente falsificado.

El libro de Salmon es más que una biografía. No sólo por la amplitud de su enfoque sino por la propia sustancia de la narración. Leemos en sus páginas que «toda biografía que va más allá de la cronología, de la estricta nomenclatura, de la literatura de catálogos, desemboca en una vida novelada». Sabemos que no siempre es así, aunque lo sea en este caso. La misma estructura del libro es novelesca y las salteadas reflexiones del autor sobre la viabilidad del género biográfico le dotan de espesor. Pero es sin duda la peripecia vital de Modigliani lo que permite levantar sobre ella este andamiaje.

Salmon se detiene poco en los orígenes del pintor, que nace en el seno de una familia judía, cuya decadencia económica marcó su infancia. Fue entonces cuando contrajo una tuberculosis cuyas consecuencias le acompañarían de por vida. Su formación como artista comienza a los 14 años, con un maestro «macchiaioli» (grupo florentino cercano al impresionismo). Luego seguirá asistiendo a clases en Florencia y Venecia. En 1906 llega París y se instala en Montmartre, por entonces un arrabal popular con merenderos y casuchas. Formará parte de la comuna de artistas y poetas que ocupa el célebre Bateau-Lavoir, así bautizado porque su endeble estructura de madera crujía como los barcos-lavaderos que surcaban el Sena.

Si se puede calibrar la personalidad de un hombre por las mujeres que le han amado, la de «Modi» es extraordinaria: la poeta Ajmátova, la escritora Beatrice Hastings, la pintora Marie Vassilieff, la escritora y pintora Nina Hamnett son sólo algunas de las más notorias. Su gran y último amor fue Jeanne Hébuterne, cuyo destino se entrelazó funestamente con el del pintor.

Una de las peculiaridades de esta biografía es que su autor forma parte de la vida del biografiado. Compañero de correrías, de juergas y de inquietudes, Salmon es un observador infatigable de la bohemia en la que Modigliani destaca como una figura especialmente enigmática. No era gran hablador pero se sabía de memoria La Divina Comedia y la recitaba en los momentos más inesperados. Bebía caudalosamente y también trabajaba como un poseso. Era irresistible para las mujeres y sin embargo las abandonaba y maltrataba a la menor ocasión (excepto a Jeanne). Su muerte estuvo a la altura de su vida. Tras unos días desaparecido, Ortiz de Zárate echó abajo la puerta de su casa y lo encontró moribundo al lado de su amada. A pesar de trasladarlo al hospital, murió poco después de meningitis tuberculosa. Aunque hubo que hacer una colecta por los bares para recaudar flores para su ataúd, este fue seguido por un inmenso cortejo compuesto por los personajes más dispares que quepa imaginar.

Leyendo este libro, me he acordado varias veces de las palabras de Segalen en el prólogo del famoso libro de Gaugin Noa Noa: «Todo hombre excepcional está destinado más a defraudar a sus padres que a prolongarlos».


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Artes Plásticas / Alice Cooper recupera un «warhol» que tenía en un trastero

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El artista Andy Warhol, en una imagen sin datar. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 24 de julio de 2017. (RanchoNEWS).- La estrella del rock Alice Cooper ha encontrado una obra del artista Andy Warhol que estaba enrollada en un tubo en un trastero, donde ha permanecido así unos 40 años. La pieza es una serigrafía roja titulada Silla eléctrica pequeña, perteneciente a la serie Muerte y desastre del icono del pop art, fallecido en 1987. La obra de Warhol estaba en el trastero junto a otros objetos utilizados por Alice Cooper (Detroit, 1948) durante una macabra gira de los años setenta que incluía hasta una silla eléctrica. Una nota de la redacción de El País.

El artista y el rockero se conocieron en Nueva York, donde se hicieron amigos en aquellos años, ha informado al diario británico The Guardian el representante del músico, Shep Gordon. Warhol acudió a un concierto del músico de rock duro en el que este fingía que moría en una silla eléctrica idéntica a la que Warhol había retratado basándose en una fotografía publicada en la prensa en 1953, del lugar de ejecuciones en la prisión de Sing Sing, en el Estado de Nueva York.

Fue la novia por entonces de Alice Cooper, la modelo Cindy Lang, quien pidió dinero al propio Gordon para comprar el warhol por 2.500 dólares de entonces. La pequeña pieza pasó a formar parte de la colección de objetos destinada a los conciertos, pero desapareció.

Hace unos cuatro años, Gordon, durante una cena con un marchante, volvió a recordar que existía esa obra. Sin embargo, fue la madre del rockero la que recordó dónde estaba Silla eléctrica pequeña. Aunque Cooper no quiso recuperarla entonces para no tener nada de gran valor en su casa, ahora parece que ha recapacitado. En 2015, en una subasta se pagó 11,6 millones de dólares (casi 10 millones de euros) por una versión idéntica de esta serigrafía pero en gris. La que está en poder de Alice Cooper, sin embargo, está sin firmar y sin autentificación.


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Literatura / Entrevista a Joaquín Barañao

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Barañao estudió ingeniería civil pero ahora se encuentra plenamente abocado a sus datos «freaks». (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 24 de julio de 2017. (RanchoNEWS).-Desde curiosidades del Big Bang hasta anécdotas sobre la guillotina, pasando por episodios de nuestros días, atraviesan los dos volúmenes del trabajo preparado durante años por el escritor chileno, que ponen en jaque lo que se considera real o verosímil. Silvina Friera lo entrevista para Página/12

Lo raro brilla como un relámpago en la oscuridad. Clístenes, en el 508 a.C, utilizó piezas rotas de alfarería para votar. Esta ocurrencia revolucionaria fue el punto de partida de la democracia. Un hombre llamado Kong Qiu, que nació en el 551 a.C. en el noreste de China, tras los sacrificios rituales, jamás permitía que la carne que le correspondía pasara la noche sin ser consumida, pues sostenía que de hacerlo se disiparía su efecto espiritual. Una leve omisión en la entrega de la carne ritual que en justicia le correspondía después de cierto sacrificio lo llevó a dejar su empleo como funcionario público para lanzarse a una vida itinerante de reflexión. «A la hora que no lo desfalcan con unos cuantos churrascos, tal vez nunca hubiéramos oído hablar de Confucio», cuenta el chileno Joaquín Barañao en el primer volumen de Historia universal freak (Planeta). En el segundo volumen hay más curiosidades para disfrutar. Las comidas enlatadas que se venden en el mundo entero descienden del aporte de Napoleón. «Un ejército marcha en sus estómagos», sentenciaba el militar francés. Su preocupación era encontrar un método para hacer durar la comida que llevaba junto a sus tropas. Para solucionar el problema organizó un concurso con un premio de 12 mil francos, que lo ganó Nicolas Appert, el creador de la comida enlatada. Hay guerras demasiado breves que socavan la credulidad. Cuando Zanzíbar, parte de la actual Tanzania, ignoró un ultimátum y le declaró la guerra al Imperio británico a las 9:02 a.m. del 27 de agosto de 1896, se vieron forzados a elevar la bandera de rendición… 38 minutos más tarde.

«Lo freak tiene que cumplir con las condiciones de ser sorprendente, demostrablemente cierto e inesperado», explica Barañao en la entrevista con Página/12. El primer volumen de Historia universal freak va desde el Big Bang hasta la guillotina, un relato histórico a través de 762 curiosidades. El segundo, en cambio, empieza con Napoleón y llega hasta nuestros días con 763 curiosidades. El autor, que estudió durante seis años ingeniería civil, revela que el principio de este trabajo –que sistematizó en 2003 a través de www.datosfreak.org– viene de la infancia. «Desde muy chico memorizaba este tipo de datos. En el colegio me pedían que contara datos freaks y una cuñada me decía ‘datín’. A los veintiún años decidí aprender a hacer páginas web y el pretexto para generar contenidos fueron estos datos freaks –recuerda–. Después de once años, cuando junté 3.200 datos en el sitio web, me dije: ‘voy a transformar esto en un libro’. Pensé que iba a ser un solo libro y después iba a volver a un empleo tradicional, pero lo disfruté tanto que tuve mi pequeña epifanía escuchando a David Bowie».

¿Qué estaba escuchando de Bowie?

No me acuerdo, pero me acuerdo el lugar y la hora. Fue el 28 de julio de 2014, en Nueva York; estaba caminando hacia la universidad de Columbia. Iba a comer a la casa de un amigo, me quedaba un mes y medio para volver a Chile. ¿Para qué voy a buscar empleo, si no tengo hijos y no tengo muchos gastos, y lo he pasado tan bien haciendo el libro? En ese libro me habían quedado muchos datos de los Beatles, que para poder contarlos tendría que haber creado un capítulo de música contemporánea, pero me salía demasiado de la historia universal. Entonces terminé el libro y empecé uno de música.

O sea que la perspectiva freak puede ser inagotable, ¿no?

Sí, hice un libro de música, uno de fútbol y ahora estoy haciendo uno de cine. En la sociedad hay gente que tiene sed de todo tipo de temas. Al final se transforma más que en una pieza específica, en un pequeño género, un método. Ese método se puede aplicar a cualquier cosa.

¿Cuáles son las historias que lo sorprendieron más en los dos volúmenes de Historia universal freak?

Hay una historia en el volumen uno que cuando la leí me pareció que era falsa. La encontré en un libro de Yale University Press. Durante la toma de Constantinopla, a finales de 1453, cuando termina de caer el Imperio Romano de Oriente, estaban las tropas de Mehmed II golpeando las murallas con catapultas y todo el mundo diciendo «este es el fin; la cristiandad se va a acabar». En ese momento, los clérigos se juntaron y discutieron un montón de cosas para resolver antes de que se acabara la cristiandad y entre esas estaba ¿Cuál es el sexo de los ángeles? Me parece tan increíble que en ese momento se pusieran a discutir sobre el sexo de los ángeles (risas). Del volumen dos me gusta mucho una historia sobre la Guerra Fría. Una fría noche del año 62 el presidente (John F.) Kennedy le dijo a su secretario que saliera a buscar todos los habanos Petit Upmanns que pudiera conseguir. El secretario consiguió unos 1200 habanos y al día siguiente el presidente sacó un papel de su escritorio y firmó el bloqueo a Cuba. Hay muchas cosas de este tipo, sujetas a la caótica humanidad más que a la rigurosidad institucional que uno a veces imagina de la CIA o la KGB.

¿Por qué muchas de estas historias verdaderas parecen ficción? ¿Porque ponen en jaque lo que se considera real o verosímil?

Me parece una pregunta interesante, no lo había pensado antes. El cerebro humano no está bien preparado para los eventos extremos; estamos más acostumbrados a entender el mundo sobre la base de eventos que estadísticamente son comunes, no de eventos que estadísticamente son muy improbables. Somos 7.300 millones de personas, cada una viviendo veinticuatro horas al día; entonces van a ocurrir eventos que son uno en mil millones o uno en diez mil millones. Como el cerebro está construido para eventos normales, cuando uno escucha algo así dice: «es imposible, eso no puede ocurrir». Es lo que (Nassim) Taleb llamaría «un cisne negro», un suceso improbable. Todos los cisnes son blancos, pero puede haber un cisne negro en diez millones de cisnes. Un australiano tuvo un año muy difícil, se divorció y después se ganó la lotería. Un canal de televisión quiso hacer una nota. Hicieron una reconstrucción de la escena y lo llevaron al almacén donde él había comprado su boleto de lotería. Entonces compraron otro boleto y mientras lo estaban grabando, se ganó la lotería de nuevo.

¿Cuáles son las fuentes donde encuentra estas historias?

Llevo una vida con el radar siempre prendido. Los diarios suelen publicar noticias científicas o de este tipo. Tiene que ver con los libros que elijo leer, que tienen una sensibilidad parecida a la mía. Yo leo mucho a Bill Bryson, un autor estadounidense con el que seríamos grandes amigos, si algún día nos conociéramos. Bryson es mucho más prestigioso y conocido que yo, él tiene una predilección similar. Y luego tengo amigos que me mandan cosas. Trabajo con fuentes muy diversificadas, con libros de historia, libros científicos y de divulgación.

¿Solo se desecha lo falso, lo que no se puede comprobar? ¿Qué va a la papelera de reciclaje?

Depende. Cuando hay datos que se manejan popularmente, los publico como datos falsos, como por ejemplo, que la Muralla china no se ve desde la luna. Yo lo publico con una etiqueta que dice: «esto es falso». Luego hay otros donde he llegado a la conclusión de que nunca se va a saber, que es imposible saber si es verdadero o falso, que no se puede investigar más. No es que yo, Joaquín Barañao, no pueda investigar más, sino que no es humanamente posible hacerlo. (Isaac) Newton fue miembro del parlamento en su madurez y se dice que él habló una sola vez para decir: «por favor, cierren la ventana que hace mucho frío». En toda su carrera parlamentaria fue la única vez que habló. Yo llegué al biógrafo más connotado de Newton, Richard Westfall, que finalmente dice que no se puede saber. Yo nunca voy a saber tanto de Newton como Westfall y como él llegó a esa conclusión lo cito para afirmar que esto humanamente no se va a poder saber. Hasta acá se llega. Esta categoría especial en la página web la llamo «los datos en las tinieblas». En el libro hay cierta flexibilidad para mencionar que es una versión que circula, pero que no tenemos cómo saber.

Los datos en las tinieblas tienen su encanto porque son de naturaleza anfibia, ¿no?

Te permiten especular y pensar. Uno puede divagar en torno a la imagen mental que ese dato genera.

¿La especulación sirve para trabajar en este tipo de libros? ¿Qué función tiene?

Hay que ser muy explícito en lo que uno está haciendo. La especulación no tiene ningún rol en la afirmación de datos factuales. Yo creo que Borges era una persona que fallaba en eso, a Borges le faltaba decir «esto es cosecha mía» (risas). Es legítimo hacer conjeturas siempre y cuando uno lo explicite. Luego hay reflexiones en torno a lo que podría haber pasado y al futuro. Ahí la especulación es imprescindible y no es necesario explicitar que uno está especulando porque es evidente por el tema que uno está tratando. El epílogo de Historia universal freak es especulativo. Quienes estaban viviendo la Guerra de los Treinta Años seguramente pensaban que ese era el gran momento de la humanidad. Anda, sal a la calle y pregunta a la gente ¿qué es la Guerra de los Treinta Años? Nadie se acuerda. Yo creo que en mil años más, la Segunda Guerra Mundial, que todavía nos parece el gran evento político, va a ser considerada un pequeño vaivén más en la historia. La especulación es estructural en el discurso, pero no es necesario aclararla porque es consustancial a lo que uno está haciendo. La especulación es una herramienta legítima, necesaria, interesante, pero cuando uno la inserta en un discurso que es factual hay que explicitarlo.

¿Las nuevas tecnologías y la circulación de la información hacen que lo «raro» se masifique más rápido y entonces pierda rareza?

Yo discrepo. El hecho de que ahora vivamos en un mundo en el que todos tenemos una máquina filmadora en el bolsillo lo que permite es que esa sorpresa llegue cada vez con más facilidad a nuestros ojos. La ocurrencia de hechos asombrosos sigue ciertos patrones estadísticos que tienen que ver con la cantidad de población que vive, con los años que vive la gente y el tipo de actividad que hace. Si estamos todo el día tirando dados, podemos esperar que de vez en cuando nos salgan cinco ases juntos, si lo hacemos durante suficiente tiempo. La diferencia es que ahora esos eventos que siempre han ocurrido están siendo registrados con más frecuencia. Yo no creo que ese aumento de frecuencia en el registro disminuya el asombro, porque la manera en que está programado el cerebro no va a cambiar. Entonces nos va a seguir pareciendo imposible. No creo que se produzca un efecto de acostumbramiento.

El ingeniero civil es un dato biográfico eclipsado por esta perspectiva freak. ¿Ahora se considera escritor? ¿Cómo es su relación con la escritura?

Llevo tres años y medio dedicado a tiempo completo a la escritura. Yo creo que sí, que soy escritor. Uno es lo que uno hace. Y yo hago los libros. Ser escritor no significa ser un buen escritor, y no me considero un artista. Mucha gente me pregunta, oye, ¿de dónde sacas inspiración? Para el tipo de libro que hago no necesito inspiración.

¿Se animaría a escribir ficción o todavía siente mucho apego al dato?

Sería un salto gigantesco. Mis libros valen la pena ser leídos no por mi obra, sino por la información que está ahí. El valor de mis libros no es lo que emergió de mi cerebro, sino que es lo que ocurrió en el mundo independiente de mí. Yo me tomé el trabajo de pasarme muchos meses juntando y ordenando los datos, pero esto es interesante per se. En cambio en la ficción uno tiene que atreverse a decir que el texto merece ser leído por lo que salió de mi cerebro. Te recomiendo que leas mi libro por sobre (Gabriel) García Márquez o por sobre (Mario) Vargas Llosa. Tú tienes la opción de leer a los premios Nobel, pero yo te estoy invitando a que leas el mío. Y yo no me siento preparado para hacer esa invitación (risas).

¿Qué función cumple el humor en sus libros?

Un requisito para un buen libro es que genere placer. Uno de los grandes mecanismos para generar placer es el humor y esa es la razón por la cual están contados así. Yo quiero hacer un trabajo que me haga feliz porque uno pasa más tiempo en la vida trabajando que con su familia o amigos. Para mí es fundamental disfrutar lo que hago. Si no lo disfruto, me cambio de ocupación. Sé que en algún momento voy a querer hacer algo diferente, pero por ahora lo estoy disfrutando mucho. Quizá me vaya para la ficción. Pero tengo que vivir, y en este momento irle a competir a Vargas Llosa con ficción no creo que me permita pagar mi arriendo (risas).


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Arqueología / México: Chichén Itzá; relato de un saqueo

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El historiador Pedro Castro Martínez documenta el robo de 30 mil piezas arqueológicas que terminaron en el Museo Peabody de la Universidad de Harvard. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 24 de julio de 2017. (RanchoNEWS).- Esta es la historia de un atraco, de «un vil robo», dice el historiador Pedro Castro Martínez. De 1904 a 1911, el estadunidense Edward Herbert Thompson (1857-1935), exploró «sin preparación técnica y científica», el cenote sagrado de Chichén Itzá de donde sustrajo más de 30 mil piezas arqueológicas mayas que envió de manera ilegal a sus cómplices y mecenas del Museo Peabody de Arqueología y Etnología de la Universidad de Harvard, institución con quien México colabora más de 100 años después, en diferentes proyectos. Una nota de Luis Carlos Sánchez para Excélsior.

«El asunto –agrega el profesor investigador de la UAM-Iztapalapa– es una herida abierta, como tantas otras heridas abiertas que se tienen en la relación con Estados Unidos».

Castro ha reconstruido la historia del robo perpetrado por Thompson en su libro El fabuloso saqueo del cenote sagrado de Chichén Itzá (Tirant Humanidades/UAM Iztapalapa, 2016). Para escribirlo, ha tenido acceso a las miles de cartas e informes que el estadunidense intercambió con el Museo Peabody, donde detalló puntualmente su fechoría.

«El saqueo del cenote sagrado de Chichén Itzá representa una muestra viva, aunque algo olvidada, de lo que ha sido y lo que sigue siendo el saqueo arqueológico de México. Se trata de un grave asalto al patrimonio arqueológico mexicano sobre todo en un punto muy localizable, muy medible, porque normalmente el saqueo es en cierto sentido anárquico y en este caso fue un saqueo planeado, sistematizado y desde luego con resultados para la ciencias arqueológicas bastante claros», dice en entrevista.

La historia de Thompson en Chichén Itzá resulta novelesca, pertenece a la de tantos otros exploradores extranjeros que llegaron a México maravillados por su pasado: él fue el último expedicionario enviado por el Peabody al país, desde 1870. El relato no es sólo de abuso y rapacería sino también de corrupción y dominación de una nación sobre otra, y es, además, una historia de silencio y oídos sordos de las autoridades mexicanas para reclamar la restitución de los bienes que les fueron robados.

«El asunto es espinoso para las instituciones arqueológicas tanto mexicanas (en este caso el Instituto Nacional de Antropología e Historia) como norteamericanas, particularmente del Museo Peabody, que hasta la actualidad trabaja en proyectos mexicanos, el tema fundamental es que más allá de la muy encomiable cooperación que se pueda tener, este agravio no acabó de resolverse, no está resuelto», considera Castro.

El cónsul

Durante una cena, a la que asistió el senador de Estados Unidos, George Frisbie Hoar, y otros miembros de la Sociedad Americana de Anticuarios y del Museo Peabody, Edward H. Thompson fue invitado a sumarse como investigador en la península de Yucatán. Thompson siempre había sentido empatía por las fantasiosas ideas que relacionan a la civilización maya con la desaparecida Atlántida; con ese ensueño desembarcó en Puerto Progreso en 1885. Para facilitarle sus movimientos, llegó nombrado como cónsul americano en Yucatán y Campeche.

En sus primeros años el explorador trabajó en sitios como Labná y Cobá; en el primero realizó moldes de las estructuras mayas que sirvieron como decoración en la Feria Mundial de Chicago, pero los ojos de Thompson rápidamente se posaron en Chichén Itzá, especialmente en su cenote sagrado (localizado a unos 274 metros de la gran plaza de la ciudad), del que se contaban fantásticas leyendas que incluían el sacrificio de doncellas que eran lanzadas a la cavidad junto con espléndidas ofrendas. En principio, al americano le interesaba todo lo que fuera de oro.

Por sólo 300 pesos, Thompson pudo hacerse en 1894 de la Hacienda Chichén Itzá, una extensión de tierra de alrededor de 160 kilómetros cuadrados, que incluían el cenote sagrado, así como buena parte de lo que había sido el asentamiento maya. Una vez con la tierra, el aprendiz de arqueólogo comenzó el saqueo de los vestigios que ahí se encontraban, pero su obsesión seguía estando bajo el agua, en el cenote sagrado. Para solucionar la exploración, ideó la instalación de una draga de hierro (que aún se conserva en la entrada de la zona) con la que pudo extraer, sin ningún cuidado, miles de objetos prehispánicos.

Cuenta Castro que del cenote extrajo cerámicas, vasos ceremoniales, incensarios, puntas de flecha, lanzas y martillos de piedra, cinceles y pendientes, discos de cobre y oro, abalorios y decenas de piezas de jade, así como esqueletos de jaguares y venados, además de cráneos de jóvenes y adultos. En las cartas, dice, se enumera puntualmente cada uno de los objetos: «Thompson tuvo intercambio epistolar, de informes, con la gente del Peabody por más de 20 años, había un seguimiento puntualísimo de todo, de lo que hacía, de sus planes, de lo que enviaba, fue una operación, una empresa muy ordenada».

En algunas de las cartas enviadas a sus mecenas Charles Bowditch o Sthepen Salisbury Jr, Thompson describía: «la semana pasada aseguré un gran plato liso de hoja pesada de oro» o, «en mi última carta (…) le hablé de un amuleto de jade grande y hermoso que aseguré el 1 de abril». Además enlistar los tesoros que iba encontrando, las cartas funcionaban como registro de lo que Thompson enviaba a Estados Unidos. Para esa empresa, el estadunidense contaba con la ayuda de Santiago Bolio, quien había sido nombrado Conservador de Monumentos en Yucatán, en 1902.

Pagando por silencio, logró sacar miles de piezas pero las presiones de la prensa (especialmente una entrevista de Alma Reed aparecida en The New York Times) y de otros investigadores aumentaban. Al poco tiempo, Thompson perdió el cargo de cónsul y pudo dedicarse de tiempo completo a la arqueología; con la complacencia del gobierno de Porfirio Díaz y del gobernador Felipe Carrillo Puerto, continuó su labor. Las cosas llegaron al límite y en 1926, con Plutarco Elías Calles en la Presidencia, el alegato por los bienes sustraídos del cenote se convirtió en símbolo de lucha frente a los problemas con Washington y las compañías petroleras, a propósito del régimen de propiedad del subsuelo.

La Procuraduría General de la República instruyó al Ministerio Público federal de Yucatán para acusar a Thompson y exigirle la responsabilidad civil y penal por el delito. Castro expone que se trató de una controversia legal «precipitada y un tanto defectuosa», pero lo cierto es que el juicio se prolongó hasta 1944 cuando la Suprema Corte de Justicia concedió un fallo favorable a los sucesores de Thompson. El especialista dice que habían llegado los años de tensa calma entre México y Estados Unidos, entre Ávila Camacho y Franklin D. Roosevelt. ««Es posible que la Sala Cuatro de la Suprema Corte haya acatado alguna indicación del gobierno federal de darle salida definitiva al asunto», escribe.

No hacerlos enojar

La idea de escribir la historia del cenote sagrado de Chichén Itzá germinó en Castro después de un viaje a Perú. El historiador supo que al igual que Thompson, el descubridor de Machu Picchu, Hiram Bingham, envió miles de piezas al Museo Peabody de Historia Natural de la Universidad de Yale. Pero en ese caso las cosas fueron diferentes, y la institución académica terminó restituyendo los bienes incaicos al Perú.

«El gobierno peruano dijo que las piezas pertenecientes a Perú que estén en el Museo Peabody tienen que regresar. Incluso en la primera campaña presidencial de Alan García, él hablo de la necesidad de que Yale regresara esos bienes; la exigencia llegó a nivel presidencial, la política funcionó, ¿por qué no hacemos que la política funcione aquí?», se pregunta el historiador.

El Peabody de Harvard, ha regresado a México algunos objetos (principalmente de madera y tela) pero Castro cree que no es suficiente. «Se requiere gente que tenga el suficiente interés por recuperarlo, estas cosas no suceden solas».

El problema, piensa, es mayor. «México buscó la manera de no pelearse, esa es una constante en la historia mexicana: con los estadunidenses no hay que pelearse, lo estamos viviendo ahora, las humillaciones, los insultos de Donald Trump no han sido respondidos adecuadamente porque no hay que hacerlos enojar, vamos a tratar de que entiendan».

En 2008 William L. Fash Jr., director del Peabody, afirmó durante su participación en la VI mesa redonda de Palenque, que existía la posibilidad de que los bienes regresaran a México; de sus palabras, incluso el INAH difundió un comunicado.

¿Se puede creer en sus palabras?, se le pregunta a Castro.

Yo quiero creer que es posible creer en ellos, en realidad los argumentos que tuvieron para retener los materiales fue que estaban en las condiciones de curarlos y de estudiarlos mejor que en México, pero esa labor ya fue cumplida, en México ya tenemos especialistas, estudios y uno de los museos más importantes. El Museo Peabody es una institución muy prestigiada y su prestigio está de por medio, yo digo que como todo en este mundo una buena negociación puede dar buenos resultados, pero no hay quien tome la empresa en México, por lo menos hasta ahora, no veo ahora cómo y menos como están las cosas en el INAH.

TÍtulo: El fabuloso saqueo del cenote sagrado de Chichén Itzá
Autor: Pedro Castro Martínez
Editorial: Tirant Humanidades/UAM Iztapalapa, México, 2016, 236 pp.


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Noticias / La Haya: Nueve millones de euros para rescatar a Rembrandt y Vermeer

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El País
Una imagen del museo Isabella Stewart Gardner, sin las obras sutraídas. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 22 de julio de 2017. (RanchoNEWS).- El museo Isabella Stewart Gardner, de Boston (Estados Unidos), sufrió en 1990 uno de los mayores robos de la historia del arte. Los ladrones se llevaron 13 piezas de la colección, valoradas en 428 millones de euros. Entre ellas, los dos cuadros más valiosos jamás sustraídos en el país: El concierto (1665), de Johannes Vermeer, y La tormenta del mar de Galilea(1633), la única marina de Rembrandt. Veintisiete años después, con el botín aún desaparecido, el centro ofrece 10 millones de dólares (casi 8,6 millones de euros) a cambio de información fiable. La oferta estará vigente hasta finales de año y es la más abultada de su clase hasta la fecha. El FBI sabe la identidad de los dos ladrones, ya fallecidos, pero hay opiniones encontradas sobre el paradero de las piezas. La oficina de investigación criminal estadounidense cree que siguen en el país. Por contra, el holandés Arthur Brand, rescatador de arte, apunta al Ejército Republicano Irlandés (IRA). Isabell Ferrer reporta desde La Haya para El País.

Ambas partes exhiben sus diferencias con deportividad. Es más, Brand asegura que el nuevo rescate del museo, que hasta ahora prometía cinco millones de dólares, es un «ahora o nunca». Casi tres décadas después, los lienzos del Siglo de Oro holandés —también sustrajeron Paisaje con obelisco (1638), de Govaert Flinck, uno de los mejores alumnos de Rembrandt— «no deben de estar en buenas condiciones». Lo mismo puede decirse de los manet y degas, el vaso de la dinastía china Shang (1200-1100 antes de Cristo) y un remate de bronce de una bandera napoleónica, sacados el 18 de marzo de 1990 de la sala. De modo que si el patronato del Isabella Stewart Gardner garantiza el anonimato del informante, y el dinero, «sería una tontería no desvelar dónde está todo», según Brand. ¿Y el IRA?, porque el FBI dice que ha seguido esa pista «exhaustivamente» y no lleva ninguna parte.

Mafioso octogenario

«El FBI tira del hilo de Robert Gentile, un mafioso octogenario encarcelado por tráfico de drogas y venta de armas. Piensan que tuvo en sus manos al menos dos cuadros, aunque no estuviera involucrado en el robo. El tipo dice que no y, la verdad, no tiene nada que perder. Hace décadas había una ley del silencio, la omertà, entre gánsteres. Si hablaban, se acabó. Ya no es así, y si Gentile supiera algo podría decirlo y quedar libre. Todo son teorías. La mía no es nueva». ¿Entonces? «Boston está llena de vecinos de origen irlandés [el 22,8% de sus casi 700.000 habitantes, según el censo oficial de 2014]. En cualquier bar había cestas para recoger fondos para el IRA, y estos grandes robos de arte, invendible por la fama de los pintores, suelen ser para pagar deudas o bien a cuenta de algo. No es que el propio Ejército Republicano lo hiciera. La gente con la que hablo, exmiembros, periodistas irlandeses incluso, llevan años oyendo que estas obras cayeron en manos de los líderes».

Anthony Amore, jefe de seguridad del museo, y amigo de Brand, piensa que las obras están en EE UU. Se sabe que los ladrones tuvieron una muerte violenta por otros motivos, y hubo un error humano garrafal. En un vídeo en la web del museo, Amore recuerda que un desconocido llamó la medianoche del 17 de marzo, festividad de San Patricio, patrono de Irlanda, al museo. Fuera de la hora de apertura, pero le dejaron entrar. «Una quiebra del protocolo. Los dos guardas eran unos jóvenes e inexpertos licenciados en Arte». Ya en la madrugada del 18, acudieron dos policías diciendo que habían recibido una llamada. «Eran los ladrones, claro. Les dijeron a los guardas que estaban detenidos y consiguieron maniatarlos y encerrarlos en el sótano sin que lograran pulsar la alarma». Una secuencia de película. A la mañana siguiente los encontró su relevo. «Se sospechó de uno de los guardas, pero no se pudo demostrar nada, y sé que todavía tienen secuelas por lo ocurrido», asegura Amore. Los ladrones hurtaron el vídeo del robo, pero dejaron el de las horas anteriores. En 2015 la fiscalía pidió ayuda a la ciudadanía y liberó las imágenes del primer intruso. Sin éxito.

Si la oferta del rescate sin contrapartidas se mantiene —«ojo, el FBI dice que solo lo puede prometer la fiscalía», dice Brand— cualquiera que tenga el botín en sus manos podría acogerse al pacto. «En teoría sí. Pero esta gente solo confía en sus madres, y tal vez las obras hayan sido destruidas, o estén en pésimo estado. O no se fían de la policía. En ciertos círculos es difícil ceder. Aunque ya llevamos 27 años sin noticias», asegura Brand, apodado el Indiana Jones del arte. Entre otros, ha recuperado lienzos de Dalí y Tamara de Lempicka, y contribuido al regreso de los Caballos de Hitler, un conjunto escultórico de la Cancillería de Berlín perdido en 1989.

Un ladrón ilustrado

La coleccionista estadounidense Isabella Stewart Gardner inauguró su museo en Boston en 1903 y las obras se exhiben tal y como ella estipuló. Uno de los dos ladrones que sustrajo 13 piezas en 1990 era un experto, según cree el propio centro. Fue directo a la Sala de los Maestros Holandeses, aunque Stewart Gardner tenía también lienzos de Rubens, Rafael o Botticelli. Para llevarse un rembrandt y un vermeer, valores seguros en el mercado, cortó las telas. La buena noticia es que no debió enrollarlas porque no había rastro de pintura en el suelo. Desde entonces, los marcos siguen vacíos en la pared.


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