Rancho Las Voces

Galería / Jean-Philippe Charbonnier: «The Black Bag»

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Jean-Philippe Charbonnier


The Black Bag
Roubaix
France
1958-59


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Artes Plásticas / Estados Unidos: Escultura de Francisco Zúñiga factura 3.1 mdd en subasta

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Ap
La escultura Grupo de mujeres de pie del artista costarricense-mexicano fue la estrella en la subasta de arte latinoamericano de Christie's. (Foto: AP)

C iudad Juárez, Chihuahua. 26 de mayo de 2017. (RanchoNEWS).- Una escultura monumental de Francisco Zúñiga se vendió el miércoles por la noche por más de 3.1 millones de dólares en la subasta de arte latinoamericano de Christie’s, superando considerablemente las expectativas de la casa. Una entrega de AP desde Nueva York.

Grupo de cuatro mujeres de pie facturó 3 millones 127 mil 500 dólares el miércoles por la noche, muy por encima del precio de venta estimado en entre 1.5 y 2.5 millones.

El bronce de 203.2 x 220 x 115 centímetros, fechado en 1974, muestra a cuatro mujeres en distintas etapas de sus vidas, cada una basada en bocetos y esculturas individuales que Zúñiga produjo a principios de los años 60.

«Una escultura de esta calidad del artista (costarricense-mexicano) muy rara vez sale a la venta y es la segunda en una edición de solo tres», dijo a The Associated Press Virgilio Garza, director del departamento de arte latinoamericano de Christie’s, antes de la venta.

Otro bronce monumental, Mujer con sombrilla y hombre con bastón del colombiano Fernando Botero, también tuvo un buen desempeño al venderse por un millón 807 mil 500 dólares, dentro de lo anticipado.

La escultura de 228.6 x 88,9 x 76.2 centímetros, ejecutada alrededor de 1977, muestra a una pareja elegantemente vestida y es, según Garza, «una gran obra del artista, con accesorios cuidadosamente esculpidos que acentúan su juego con las proporciones».

Ambas piezas eran parte de la Colección Tuttleman, .

Sin embargo, la pintura que encabezaba la venta, Músicos de Rufino Tamayo, no consiguió comprador el miércoles por la noche.

El óleo sobre lienzo de 1934 de 74.5 x 99.7 centímetros, que tenía un precio estimado de 2 a 3 millones de dólares, muestra a tres guitarristas descansando sus instrumentos sobre una mesa de manera frontal, como presentándolos a la audiencia.

«Representa uno de los temas más personales del artista, pues el propio Tamayo fue un músico» y este fue uno de los temas que retrató con gran frecuencia, había dicho Garza a la AP. «Muchas de sus obras de la década de 1930 muestran músicos y la música sirvió como tema de su primer mural (El canto y la música), pintado en 1933 para la Escuela Nacional de Música en la Ciudad de México, donde conoció a su esposa Olga, quien estaba estudiando para ser una pianista concertista».

Tamayo pintó Músicos al año siguiente de casarse con Olga, y Garza indicó que muchos consideran el cuadro un autorretrato del artista mexicano.

Entre otras piezas destacadas vendidas en la primera de dos sesiones también estuvo una obra de Carmen Herrera, Verticals, adquirida por 751 mil 500 dólares, más del doble del mínimo anticipado. La pieza abstracta de rayas verticales blanco y negro, hecha en acrílico sobre lienzo de 71.4 x 119.4 centímetros, fue realizada por la pintora cubana en París, en 1952.

Un óleo sobre lienzo del pintor hiperrealista chileno Claudio Bravo, Paquete beige y verde (2009), se vendió por 835 mil 500 dólares.

La subasta de arte latinoamericano de Christie’s continúa el jueves por la mañana, unas horas antes de que Sotheby’s intente vender otro imponente Tamayo, Encantador de pájaros, por entre 3 y 5 millones de dólares.


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Libros / México: Cumple 120 años el inmortal Drácula de Bram Stoker

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En un día frío, bajo un cielo encapotado y una llovizna tenue, nació Drácula en el centro de Londres, novela gótica creada por la mente de Bram Stoker. (Foto: Óleo de «El Empalador» (1560))

C iudad Juárez, Chihuahua. 26 de mayo de 2017. (RanchoNEWS).- El frío 26 de mayo de 1897, bajo un cielo encapotado y una llovizna tenue, nació Drácula en el centro de Londres, novela gótica creada por la mente de Bram Stoker. Una nota de la redacción de Excélsior.

Paradójicamente, al escritor no le alcanzó la vida para presenciar el éxito de su obra, que llegó años después de su muerte, con la adaptación que se hizo para Broadway, en la década de los 20.

Años después, en 1931, el vampiro de Transilvania se convirtió en ícono cultural gracias a la cinta hollywoodense dirigida por Tod Browning y protagonizada por Bela Lugosi.

Más de 60 años después, en 1992, llegó al cine la exitosa adaptación de Francis Ford Coppola, que estelarizan Gary Oldman y Winona Ryder.

Stoker creó a su conde Drácula a partir de la vida del príncipe de Valaquia, Rumania, Vlad Tepes, quien en el siglo 15 cobró fama porque le encantaba empalar a sus enemigos, sádica costumbre por la que era conocido como «El Empalador».

Bram Stoker

Nacido en Dublín, Irlanda, el 8 de noviembre de 1847, en sus primeros siete años, Stoker sufrió una parálisis que le impedía movilizarse.

Tras recuperarse, llegó a convertirse en un atleta destacado que cursó la carrera de matemáticas en la Universidad de Dublín, donde se graduó con honores.

Durante cerca de 30 años, a partir de 1878, fungió como representante del actor Henry Irving, labor que combinaba con su pasión por escribir relatosde terror.

En 1890 publicó su primera novela: El paso de la serpiente, seguida de su obra maestra Drácula (1897) y, posteriormente, publicó El misterio del mar, La joya de las siete estrellas y La dama de la mortaja.


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Galería / Maurice Georges Chanu: «The one who still has money troubles..»

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Maurice Georges Chanu


Celui qui a encore des ennuis d'argent...
(The one who still has money troubles..)
1948 


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Galería / Miroslav Cerbak: «Eyes»

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Eyes
1978


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Galería / Henri Cartier-Bresson: «Marseilles»

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Marseilles
France
1932


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Galería / Cornell Capa: «Forested Road»

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Forested Road
Equador
1965


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Galería / Harry Callahan: «Chicago»

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Chicago
1948


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Literatura / Entrevista a Mario Muchnik

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Mario Muchnik
El veterano editor y fotógrafo recibe un doble homenaje en el Instituto Cervantes: deposita un legado en la Caja de las Letras y dona una selección de retratos fotográficos de escritores. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 24 de mayo de 2017. (RanchoNEWS).-Maestro de editores, amigo personal de escritores como Julio Cortázar, Italo Calvino o Ernesto Sábato y «padrino» en España a través de su editorial Muchnik Editores (hoy El Aleph) de nombres como Primo Levi, Elias Canetti, Bruce Chatwin o Susan Sontag; Mario Muchnik (Buenos Aires, 1931) se encuentra a sus 86 años hastiado de la literatura, a la que ha dedicado toda una vida. Décadas de entrega por las que el Instituto Cervantes le ofrece este miércoles un doble homenaje que consiste en el depósito por parte del editor y fotógrafo de un legado en la Caja de las Letras de la institución, y en la donación de una selección de 133 retratos de escritores y de imágenes de viajes de su ingente colección fotográfica, que en podrá verse expuesta en el Cervantes de París a comienzos del año próximo. Tras exprimirse en cinco libros de memorias, donde da cuenta de su agitada vida personal y profesional, los últimos Ajuste de cuentos (El Aleph, 2014) y Oficio editor (El Aleph, 2011), Muchnik afirma: «Tengo ya tan poco que decir». Sin embargo, una vez comienza a hablar continúa manteniendo dos de sus rasgos característicos, no se calla nada de lo que piensa y no deja títere con cabeza. La entrevista para El Cultural es de Andrés Seoane. 

¿Qué supone para usted dejar su legado en la Caja de las Letras del Cervantes?

Te voy a ser sincero. No supone. Después de tantos años de hollar este valle de lágrimas, pero sobre todo de mocos, yo me tomo estas cosas con un grano de sal, con una capa de sano escepticismo. Cuando me hablan de este tipo de cosas, me pregunto ¿qué queda de todo esto? Si ni interesa a mi propia familia, ¿a quién va interesar? Por eso las cosas que meto en la caja tienen que ver con objetitos de la vida cotidiana, una flauta, una caja de música, cosas por el estilo que no tiene trascendencia más que para mí o mi familia a nivel personal y sentimental. No significa nada más.

Hablando del interés, ¿usted considera con la trayectoria que tiene, enfrentando el presente con el pasado, que se está perdiendo interés en la cultura a nivel social?

Totalmente. La propia sociedad ha perdido interés a nivel cultural y el interés en la cultura. Es exactamente así. Vivimos en una sociedad que empuja a no pensar. Pero no busco culpables. Yo mismo estoy perdiendo todo el interés en la especie a la que pertenezco. Es muy difícil mantener una posición ecuánime y razonable ante una especie que está empeñada en sacrificarse ante los dioses del rock n roll y cosas de ese tipo. Yo ahora estoy leyendo muy lentamente. Siempre tengo un libro de fondo, que son los poemas de Dylan Thomas, y los estoy leyendo sencillamente porque forman parte de mi vida espiritual. Para mí corre más vida por las venas de un Dylan Thomas que nunca llegué a conocer que por las venas de la gente de hoy.

¿Cómo percibe ese cambio del que hablamos a nivel social? ¿Qué diferencia, por ejemplo, el mundo de la edición de antes y de ahora, o el mundo del lector? ¿Qué ha cambiado?

Todo. Todo ha cambiado, en primer lugar, que a nadie le interesa ya leer. Cada vez es menos la gente que lee, y es inútil que te cuenten historietas, la verdad es que a la gente lo que le gusta ahora es o no leer o leer en pantalla. Hay unos pocos privilegiados que logran hacerlo, pero yo no lo consigo. ¿Y entonces qué pasa? Pues que uno deja de leer. Yo he dejado de leer, mis amigos más queridos leen poco y cada vez menos. Eso es así. Es una constatación. Hay muchas cosas que se conjuran para que la literatura pase a mejor vida. La lectura es una especie de disciplina perdida en los meandros de los intereses de la juventud de hoy en día. Se interesan por la música, por el fútbol, pero no por la literatura. Y yo nací para otra cosa, para otra época. No tengo excusa, pero tampoco pido perdón.

¿No es un poco paradójica esa pérdida del interés por la lectura ahora que hay muchísimos más libros editados y más accesibilidad a cualquier texto?

Hay muchísimos libros, sí, pero la mayoría son libros espantosos, que los abro y resulta que me defraudan en la página dos, digamos, porque quiero ser clemente. Es así. Yo no puedo plegarme a esas moditas que duran una semana, no es lo mío. Yo ya no tengo interés en lo que se publica, se edita, se lee o se regala para Navidades. Cuando cae bajo mis ojos y mi nariz Guerra y paz estoy en un mundo que me interesa. Pero no porque sea el mundo de Napoleón o del zar, sino porque hay un momento en que, por ejemplo, unos perros corren tras una loba que escapa de ellos y esta los mira de reojo. Nadie ha escrito jamás algo más verídico sobre un animal que corre porque teme por su vida. Yo no conozco nada que se le pueda comparar. No me intereso por los libritos estos de mierda que te dan para que leas yo que sé qué cosa. No, yo leo cosas que tienen un interés intrínseco para mí, y al que no le guste que viaje en taxi. La edición se ha vuelto una feria de vanidades y un modo torpe de enriquecerse. Es así en todas partes. Ahora con la Feria del Libro saldrán 400 nuevas novelas, la mayoría breves y de lectura fácil, es decir, malas. ¿Y eso qué aporta?

Entonces, ¿podríamos decir que a nivel literario triunfa definitivamente hoy en día el valor económico sobre el valor cultural?

No es exactamente de hoy, pero sí que es hoy más acusado. Ahora hay una ansiedad muy peligrosa. Se piensa que todo libro tiene que ser un éxito y vender muchísimo. No tiene por qué ser así forzosamente. Cada libro tiene su propio recorrido. Hay algunos que vendiendo 500 ejemplares ya han cumplido su función. No hace falta que vendan más. Pero es cierto que en la actualidad vale más hacer dinero que editar un buen libro, que yo no sé si interesa a algún editor hoy en día. Pero es que, además, y esto es más grave, ya no interesa a nadie escribir un buen libro. El ámbito literario está lleno de gente que conoce muy bien las reglas de la gramática y otras cosas que tal vez yo domine menos, pero esa gente se queda impasible ante las cosas más terribles y las más graciosas. Es un jueguito que a mí no me convence.

¿Qué diferencia a los escritores de antes y de ahora, por qué no existen hoy autores con ese peso a nivel cultural y social?

Porque la sociedad no es capaz de incubar a esos nuevos escritores, que ahora son unos chantapufis, que es uno que no se da maña, que no sabe, que tropieza con sus propios zapatos. Antes era todo muy diferente, claro. Con el escritor ocurría como con el médico, el que quería ganar mucho dinero inspiraba desconfianza. Pero ya no es así y es todo por lo mismo que hablamos. El maleamiento de la literatura se produce cuando hay editores dispuestos a pagar anticipos millonarios para asegurarse un mercado. He visto corromperse a autores que publicaron una primera novela estupenda, y que, después del éxito y el dinero, escribían con la mano izquierda extendida. Hoy, la mayoría de los escritores deciden qué escribir en función de lo que les ofrecen. Y así estamos como estamos.

Reitera constantemente una visión pesimista de la literatura y el mundo editorial, si tan mal está el presente, ¿qué futuro le augura?

Si reflexionamos un momento nos damos cuenta de que lo que estamos viviendo no es el siglo de oro que nos venden ni mucho menos, y que al proyectarnos hacia delante podemos intuir que estamos viviendo el principio de una catástrofe. Una catástrofe que consiste en que ya no se lean los buenos libros. Se leen en general libros muy malos, libros sin interés. Es un mundo en el que la literatura se pierde por el camino, y no hay perdón en un mundo así. Me gustaría hablar de otra manera, claro. Pero cuando leo otra vez Guerra y paz veo lo que es escritura, lo que es un escritor con imaginación y que domina la realidad, no que se siente dominado por ella. Y percibo, a mi pesar, que eso está desapareciendo.

La segunda parte del homenaje consiste en una exposición de fotografías suyas, ¿cómo ha realizado la selección?

Pues como siempre, he escogido las fotografías de más calidad y las que son menos íntimas. He hecho muchas fotos, debo tener 50 mil negativos como mínimo, y en esta selección alterno fotos muy divertidas con otras dramáticas. Lo importante es que esas imágenes recortan un trozo de la vida real y lo ponen ante tus ojos bien enmarcado. Además, son fotos antiguas, algunas de los 60, y no han perdido todos los matices del gris, que en mis fotos intento que reproduzcan al color y no sean sombras. Los fotógrafos sabemos lo que son los matices del gris. Para mí lo que vale es el blanco y negro por el dramatismo que imprime también a lo cómico, a lo grotesco, que es una de las grandes formas artísticas que hoy en día está también desprestigiad y no le interesa a nadie. Casi como la literatura. Cuando hay un contraste de grises bien conseguido, no hay nada que temer.


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Libros / México: «Historias desconocidas de la Revolución Mexicana en El Paso y Ciudad Juárez» de David Dorado Romo

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David Dorado Romo
Portada del libro. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 25 de mayo de 2017. (RanchoNEWS).- Víctor L. Ochoa, periodista e inventor, fue el primer mexicano-estadunidense de El Paso que en 1893 emprendió desde esta ciudad una rebelión en contra de Porfirio Díaz. Y Carmelita Torres fue una mexicana de 17 años que, en 1917, se negó a bajarse del tranvía El Paso-Juárez para que los agentes migratorios la despiojaran, la bañaran con queroseno y le raparan la cabeza. Virginia Bautista reporta para Excélsior.

Personajes como estos, que forman parte de «una excéntrica serie de individuos» que estuvieron en las urbes fronterizas de El Paso (Texas) y Ciudad Juárez (Chihuahua) durante el proceso de la Revolución Mexicana, conforman las distintas caras de la frontera, la gran protagonista del libro de David Dorado Romo que acaba de publicar en español editorial Era.

Con la figura del líder revolucionario Pancho Villa como guía, el historiador estadunidense, descendiente de mexicanos, recorrió durante cuatro años las calles y los barrios de estas urbes para confeccionar Historias desconocidas de la Revolución Mexicana en El Paso y Ciudad Juárez, que aborda la insurrección «desde el punto de vista de aquellos a quienes las historias oficiales han considerado marginales».

En entrevista, el doctor en Historia de la Frontera por la Universidad de Texas en El Paso detalla que se interesó, por ejemplo, en los músicos de banda militar que tocaban óperas de Verdi durante las ejecuciones en Juárez; en los cineastas que fueron a hacer películas mudas, como La venganza de los greasers; en las mujeres toreras, los músicos de jazz durante la prohibición, espías con cámaras Gráflex, chinos ilegales, contrabandistas de armas y, por supuesto, revolucionarios.

«Este libro trata tanto sobre la efervescencia cultural como sobre la Revolución. Es sobre una visión de la historia que ha quedado clavada al subsuelo, enterrada bajo las mitologías racistas», afirma.

Tras investigar en diversos archivos de ambos países, el también ensayista y músico hizo un «mapa sicogeográfico» de los personajes que desde hace cien años defienden su identidad y su cultura en esta área: curanderas místicas, periodistas subversivos, inventores iluminados, desertores del Ejército y fotógrafos aventureros.

«Es una frontera subversiva. Y quienes viven aquí son híbridos inclasificables… son gente de las orillas: ni verdaderos estadunidenses, ni verdaderos mexicanos», añade.

Quien estudió además en las universidades Hebrea de Jerusalén y de Stanford explica que empezó escribiendo este volumen como parte de un proyecto de la cultura underground de la frontera. «Pero terminé encontrándome a Villa en todas partes: gente que se parece a él o los lugares donde estuvo, donde vivió, donde compró bicicletas para su tropa, donde resguardaba las armas. Entonces, descubrí qué tan importante es su figura como símbolo de la Revolución Mexicana y permití que me guiara en el recorrido».

Publicado en inglés en 2005, el autor empezó a trabajar en este título en 2001 y ahora, 12 años después, sigue deambulando por ambas ciudades, en las que creció, y confirma la vigencia y la complejidad que conserva esa cultura subterránea.

«Ahorita estoy involucrado en una lucha barrial, de un barrio que se llama Duranguito, ubicado al sur de El Paso. Ahí tenemos la casa subterránea clandestina donde vivía Pancho Villa y su hermano Hipólito. Ahí guardaban armamento. Ahora quieren destruir este barrio, que son como nueve acres, quieren hacer campos deportivos», cuenta.

En su opinión, está ganando la lógica del comercio, del dinero. «Quieren hacer un Walmart donde supuestamente se escribió la novela Los de abajo, de Mariano Azuela. Quieren sacar las raíces históricas de México del suelo estadunidense, para decir que ellos siempre han sido migrantes, transitorios, que no pertenecen ahí», agrega.

Por esta razón, el estudioso rescata la microhistoria, «la historia de los de abajo, la no oficialista, lo que cantan los corridos, lo que dicen los periódicos, la perspectiva, la propaganda afectiva».

Señala que una gran cantidad de acontecimientos vinculados a la Revolución tuvo lugar dentro de los 13 kilómetros cuadrados del área comprendida entre el centro de El Paso y la aduana de Juárez.

«La microhistoria tiene que ver más con los rasgos pequeños y los detalles inesperados que con las grandes explicaciones. Es un método de estudio que se centra más en lo misterioso y lo poético que en lo esquemático», destaca quien, siguiendo estas reglas, narra de manera amena la infinidad de vidas que fue encontrando.

«Estoy tratando de mostrar que en la Revolución Mexicana el margen es el centro, que este movimiento comenzó en la frontera, que la cultura subterránea también forma parte de un terreno de lucha, que la cultura en sí es un arma», indica el historiador.

Cruzar fronteras

A partir de este libro, el también traductor comprendió que la Historia no debe detenerse en la frontera, por eso, siguió a Teresa Urrea, La Santa de Cábora, una mujer que hacía milagros, por El Paso, Arizona, San Francisco y Nueva York.

«Me enamoré de Teresita. Consulté cinco diferentes archivos en México y Estados Unidos para seguirle los pasos. Esto hice con cada uno de los personajes que estudié. No es un libro de teoría ni análisis, sino del efecto social que tiene la cultura», añade.

Quien nació en San José California en 1961 cruzó varias veces la frontera para recorrer los lugares entrañables de ambas ciudades: los tugurios Tex-Mex, los cementerios abandonados, el puente internacional Santa Fe, los concurridos bares de la avenida Juárez y los edificios abandonados que encierran múltiples secretos.

Al llevar a cabo estos recorridos, prosigue, se dio cuenta de que era peligroso tomar notas y sacar fotografías, pues los policías y algunos habitantes se le acercaban y le pedían que no lo hiciera.

«Doce años después veo lo mismo: la gente le teme al extranjero, que te acerques a sus vidas, te consideran ‘el otro’. No obstante, me parece que esa actitud está cambiando poco a poco, o al menos eso espero. La historia de ambos lados empieza a adquirir tintes mezclados, de bronce, tonalidades sepia», apunta.

El historiador no piensa abandonar este terreno de estudio. Adelanta que ya está haciendo un segundo libro sobre cómo la frontera era un punto central para la derecha extrema mexicana.

«Esta investigación me ha llevado a Berlín, a Londres, a los archivos de Washington y México, para ver el papel que jugó el espionaje y la propaganda durante los años 30 y 40 de la pasada centuria, poco antes y durante la Segunda Guerra Mundial», detalla.

Romo concluye que este volumen de 430 páginas permite comprender lo que sucede actualmente en la frontera, que ha enfrentado durante décadas una geografía racial en la que han aprendido a convivir mexicanos, anglos, chinos, indios y negros.

«La fotografía es algo integral de la investigación. No sólo ilustra, sino que es parte del documento primario, por eso no van separadas al centro del libro, sino en la parte de la narración que les corresponde».


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Galería / Robert K. Byers: «White Sands National Monument»

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White Sands National Monument
New Mexico
1975


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Galería / Wynn Bullock: «Leaves in Cobwebs»

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Leaves in Cobwebs
1968


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Galería / Jindrich Brok: «Two Leaves»

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Jindrich Brok


Two Leaves
1960s


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Galería / Margaret Bourke-White: «Terminal Tower with Bridge»

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Terminal Tower with Bridge
Cleveland
1928


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Galería / Pierre Boulat: «Frederico Fellini»

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Pierre Boulat


Frederico Fellini
1964


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Galería / Jozef Emiel Borrenbergen: «Eiffel Tower»

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Jozef Emiel Borrenbergen


Eiffel Tower
Paris
1935


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Galería / Aubrey Bodine: «Cat Food»

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Cat Food
1950


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Noticias / España: Llega a Barcelona «David Bowie Is»

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Duffy Archive & The David Bowie Archive
David Bowie. (Foto: Duffy Archive & The David Bowie Archive (c) Victoria and Albert Museum)

C iudad Juárez, Chihuahua. 24 de mayo de 2017. (RanchoNEWS).-Normalmente la muerte de un icono pop suscita una avalancha de biografías y análisis sobre la importancia de su figura en la cultura contemporánea. Sin embargo, los ríos de tinta (de toda condición y soporte) dedicados a David Bowie siempre fueron enormemente caudalosos. En 2013, el Victoria and Albert Museum de Londres contribuyó a esta corriente continua con una propuesta ambiciosa, multimedia y de gran envergadura: la exposición David Bowie Is, comisariada por Victoria Broackes y Geoffrey Marsh, responsables del departamento de teatro y artes escénicas del museo inglés. El título de la muestra deja el predicado de la frase en suspenso y se completa de distinta manera en cada sección de la muestra porque, en efecto, Bowie es muchas cosas a la vez. Fernando Díaz de Quijano reporta para El Cultural

Ahora, más de un año después de la muerte de Bowie (Londres, 1947 - Nueva York, 2016), la primera retrospectiva internacional sobre la trayectoria del autor de Space Oddity recala en el Museu del Disseny de Barcelona. La exposición se nutre principalmente de los fondos de The David Bowie Archive y reúne más de 300 objetos que incluyen fotografías, películas, vídeos musicales, portadas de discos, letras manuscritas, vestuario original, diseños de escenarios, instrumentos del propio Bowie y numeroso material inédito de los conciertos del artista. La muestra podrá verse en el museo barcelonés a partir de este jueves, 25 de mayo.

El Victoria and Albert Museum de Londres es uno de los museos de arte y diseño más importantes del mundo. Para su director, Martin Roth, la organización de esta exposición por parte de su museo está más que justificada porque la estrella del glam «no fue solo uno de los músicos e intérpretes más geniales de la segunda mitad del siglo XX, sino que también se cuenta entre los más fabulosos visionarios del diseño». De esta manera, la música ocupa un segundo plano en la exposición, que dedica buena parte de su discurso a analizar el excepcional dominio del lenguaje audiovisual que tenía Bowie y su capacidad para configurar y explotar su propia imagen siguiendo los principios del marketing empresarial.

Los comisarios de la exposición son también los coordinadores del libro que la complementa trascendiendo la categoría de catálogo. En español lo edita Malpaso y sus páginas recogen ensayos de distintos autores que analizan en detalle la trayectoria y las distintas facetas de Bowie. En el texto que da comienzo al libro, el director del Victoria and Albert Museum destaca a Bowie como un «bastión del individualismo, defendiendo que deberíamos ser lo que queremos ser, tener el aspecto que queramos tener, y tomar la iniciativa con independencia de los puntos de vista de los demás». Por su parte, los comisarios ponderan en el prólogo la impronta bowieana con estas palabras: «David Bowie fue uno de los artistas más importantes de los últimos cincuenta años. Multitud de artistas contemporáneos y diseñadores lo han citado como inspiración, reconociéndolo como uno de los creadores más innovadores. Encabezó una revolución en el ámbito de la libertad de expresión, y vendió más de ciento cuarenta millones de álbumes. No parece desmesurado proponerlo como el músico más relevante de su generación, aunque el impacto causado por su música, su estilo visual y su presencia pública alcanza mucho más lejos. Su influencia, en un amplio espectro que abarca la interpretación, la moda, el arte, el diseño y la identidad, sigue modelando la cultura contemporánea en su sentido más amplio».


Vista de la exposición David Bowie is en Londres. (Foto: Victoria and Albert Museum)

Para Broackes y Marsh, Bowie es también un enlace entre la vanguardia artística y el resto de la sociedad, «un eslabón que conecta a Andy Warhol, Bertolt Brecht, William Blake, Charlie Chaplin, Antonin Artaud, Salvador Dalí, Marlene Dietrich, Philip Glass, Nietzsche, el glamur de Hollywood, el diseño gráfico, los zapatos de plataforma, el cine, la música, Kurt Weill, Berlín, Nueva York, Londres, Alexander McQueen, los Juegos Olímpicos de 2012, Jim Henson, los alunizajes, Kansai Yamamoto, Kate Moss y Marshall McLuhan».

En un minucioso ensayo, Marsh disecciona la trayectoria artística de David Bowie. Su carrera siguió en paralelo la transformación de Londres, que pasó de ser una ciudad bombardeada a punto de sucumbir en la Segunda Guerra Mundial a convertirse en uno de los principales centros financieros del mundo. «Ambos protagonistas, enfrentados a un escenario de máxima competitividad, se sirvieron de la ambición sin restricciones, de una sólida experiencia, de un sagaz sentido del marketing y de una porción de suerte para afianzar su posición». Bowie se abrió paso en el naciente «swinging London» en medio del furor tecnológico, la remodelación urbanística, la eclosión musical que se consolidó con la british invasion en los Estados Unidos, la rebelión juvenil contra la autoridad y la liberación sexual.

Precisamente un ensayo de la controvertida crítica social Camille Paglia incluido en el libro analiza la importancia y la evolución de las connotaciones sexuales y andróginas en la trayectoria de Bowie, así como un dandismo heredado de Lord Byron, Baudelaire y Oscar Wilde. «Aunque él mismo fuera un atleta hiperactivo del nuevo libertinaje, Bowie nunca vio el sexo como una salvación. En su obra clásica, la identidad es una serie de gestos o poses. El sexo se representa como una entrada teatral en otra dimensión paralela pero no coexistente con la realidad social. Como Wilde, Bowie hizo del sexo un medio para afilar la conciencia de sí mismo más que para dedicarse a una anulación de corte dionisiaco», señala Paglia.

La visita de David Bowie Is a España coincide con el 50.° aniversario del primer LP del artista, Bowie, publicado el 1 de junio de 1967 (igual que el célebre Sgt. Pepper de los Beatles). Aquel disco fue un fracaso que, como explica Marsh, Bowie y todos sus fans agradecieron años después, ya que aquella experiencia le obligó a seguir alimentando su repertorio de influencias hasta convertirse en el artista transgresor que llegó a ser, inspirando a su vez a un sinnúmero de artistas de las generaciones posteriores en todo el mundo.


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Arqueología / México: La exposición «Nuestra sangre, nuestro color» culmina ciclo sobre cromatismo en Mesoamérica

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 Marco Peláez
En la exhibición de esculturas mexicas se presentan los resultados de varios años de investigación acerca del color en los siglos XV y XVI. En la imagen, aspecto de la exposición, cuya curaduría está a cargo de Leonardo López Luján, director del Proyecto Templo MayorFoto Marco Peláez. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 24 de mayo de 2017. (RanchoNEWS).- Azul/verde, rojo, blanco, negro y ocre, los colores del universo, los colores del centro y los puntos cardinales, los colores de la paleta que escultores y pintores de Tenochtitlán utilizaron en murales y esculturas. Sólo cinco. Ericka Montaño Garfias reporta para La Jornada.

Esos colores son ahora el tema de la exposición Nuestra sangre, nuestro color: la escultura polícroma de Tenochtitlán, que se inauguró el pasado viernes en el Museo del Templo Mayor.

En la muestra se presentan los resultados de varios años de investigación acerca del color en los siglo XV y XVI e incluye piezas originales, algunas ya casi sin color, otras con apenas algunos rastros y otras pequeñas con los colores bien conservados.

La exposición, que concluirá en agosto, ocupa la planta baja del museo y se divide en diez módulos en los que se aprecian 28 piezas, todas del acervo del recinto localizado en el Centro Histórico y que se reúnen por primera ocasión.

Hay piezas originales, de pequeño y gran formatos, y es posible ver los colores con los que estaban pintadas obras como Tlaltecuhtli y Coyolxauhqui, un Chac Mool, o la reproducción de un guerrero estelar y un cráneo llenos de color al lado de los originales con sus colores deslavados.

Con esta muestra culmina el ciclo dedicado al estudio del cromatismo que comenzó con El color de los dioses: policromía en la antigüedad clásica y Mesoamérica, que se realizó en el Museo del Palacio de Bellas Artes, y el coloquio internacional El cromatismo en el arte grecorromano y mexica.

Ahora «nos centramos específicamente en la civilización mexica y en particular en la escultura de su capital imperial, la antigua Tenochtitlán, que es la ciudad que se encuentra bajo nuestro pies y que a la llegada de los españoles vivía su máximo esplendor y tenía casi 200 mil habitantes», explicó el director del Proyecto Templo Mayor y curador de la muestra, Leonardo López Luján.

«En las reproducciones que verán, muchas de ellas realizadas con alta tecnología, hemos recreado los colores originales que por desgracia en las esculturas que encontramos en el Centro Histórico no siempre se conservan bien por el paso del tiempo. La acción de la naturaleza, la mano del hombre han hecho que esos colores originales queden deslavados y en algunos casos hayan desaparecido por completo. Recurrimos a las réplicas tridimensionales para que el público vea cómo hace más de cinco siglos estas esculturas estaban pintadas con una paleta bastante reducida».

Veinticinco años de investigación

Durante el recorrido se encuentran paneles que explican desde los primeros estudios cromáticos que se realizaron en 1970 hasta los materiales empleados para dar color a las esculturas y murales, pezas que generalmente estaban a la intemperie.

«Investigadores como Roberto Sieck Flandes hicieron las primeras restituciones cromáticas, pero sin analizar las esculturas, como hacemos ahora, buscando ese color que está capturado en los poros, sino lo que hacían era ver los mismos motivos en los códices, a partir de eso hacían las reconstrucciones que, si bien son bellas y se han popularizado en camisetas, llaveros, ceniceros y todo lo que se vende a los turistas, no corresponden con la realidad».

Lo que se ha descubierto en 25 años de investigación, añadió López Luján, «es que hay dos paletas pictóricas diferentes: por un lado, la de los códices que tiene gran cantidad de pigmentos, casi todos ellos de origen orgánico, y por otro y muy diferente, es la paleta pictórica de la escultura y pintura mural que es mucho más reducida y se limita a cinco colores casi todos ellos inorgánicos: rojo, blanco, azul, negro y el ocre».

Esos colores básicos «corresponden a la simbología de los pueblos mesoamericanos que asociaban esos cinco colores con el centro del universo y los cuatro puntos cardinales y muchos pueblos de la actualidad siguen con esa idea; si visitan a los mixtecos, nahuas, a los tlapanecas, les van a decir que los cinco colores del universo son los colores de la planta del maíz: azul/verde de sus hojas, que tiene que ver con el centro del mundo y los otro cuatro colores con los cuatro tipos de mazorcas que se exhiben en esta exposición».

Nuestra sangre, nuestro color: la escultura polícroma de Tenochtitlán contó con la cocuraduría de los investigadores Fernando Carrizosa, Michelle de Anda, María Barajas, Ericka Lucero Robles y Diego Matadamas.

A la par de la exhibición se efectuará un ciclo de conferencias los sábados 10, 17 y 24 de junio y el primero de julio acerca de la recuperación de los murales de Teotihuacán o la estabilización de los colores en las esculturas del Templo Mayor.


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Fotografía / España: Un libro recoge obras únicas del fotógrafo francés Jean-Pierre Leloir

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Jean-Pierre Leloir
La cantante Billie Holliday, en el aeropuerto francés de Orly, en 1958. (Foto: Elemental Music Records)

C iudad Juárez, Chihuahua. 23 de mayo de 2017. (RanchoNEWS).- Era un músico, pero su instrumento era la cámara de fotos, de la que no se separaba, cuenta Michel Legrand en Jazz Images. Ashley Kahn, autor de libros de referencia como A Love Supreme, indica que Leloir aparece en el documental The Miles Davis Story con una flamante corbata, gafas redondas y su grueso bigote. La introducción de Jazz images la ha firmado Quincy Jones, al que se puede ver, en una fotografía tomada en 1958, en su piso de París, escuchando música en el suelo junto a Sarah Vaughan, y que asegura recordar incluso las canciones que estaban escuchando en ese preciso momento. Escribe Carlos Galilea para El País.

El día de la liberación de París, un soldado estadounidense le dejó su cámara para que le fotografiara, y cambió su vida. Su primera foto conocida, la orquesta del pianista Jef Gilson, la publicó, en mayo de 1951, la revista Jazz Hot. Jean-Pierre Leloir (1931-2010) se dedicó a retratar a los músicos de jazz que pasaban por París: lo hizo en las llegadas de aeropuertos y estaciones de tren, camerinos de clubs y teatros, habitaciones de hoteles… Y lo hizo con una gran habilidad para captar su intimidad. Quizá porque amaba a la gente a la que fotografiaba: aseguraba que era incapaz de fotografiar a un artista del que que no apreciara su música.

En sus miles de negativos guardó a gigantes del jazz como Chet Baker, Charles Mingus, Thelonius Monk, Lester Young, Billie Holiday, Bill Evans, Ella Fitzgerald… Ahí están Louis Armstrong, con los pantalones arremangados durante un ensayo; Miles Davis jugando al boliche en la playa o Nina Simone bañándose en la piscina de un hotel. Eran tiempos en los que los músicos afroamericanos sufrían todo tipo de humillaciones en Estados Unidos. Y, en Europa, encontraron un ambiente más propicio para su arte y una mayor libertad. Miles, que llegó por primera vez a París en 1949, dijo en su autobiografía que nunca se había sentido de aquella manera, «tratado como un ser humano, como alguien importante».

Una habitación de hotel en Antibes: John Coltrane se pone a tocar, con un pie sobre la silla, mirando la foto de Eric Dolphy que el francés acaba de regalarle. La cámara fija el instante. Es una de las favoritas de Leloir, que no solo fotografió jazz, también a Dylan, Hendrix o Zappa. Su hija Marion cuida de las más de 100.000 fotografías del legado paterno cuya instantánea más famosa probablemente sea la que tomó de Jacques Brel, Georges Brassens y Léo Ferré.

Más de 150 de esas fotos, la mayoría inéditas, están recogidas en Jazz Images, libro de tapa dura de 31 por 31 centímetros, que incluye un CD con una pequeña muestra de la colección de 50 LP clásicos del jazz que han organizado Gerardo Cañellas y Jordi Soley —responsables de Jazz Images—, también con material gráfico de Jean-Pierre Leloir, creador de una obra tan valiosa como las de Herman Leonard, William Claxton, Roy DeCarava o Francis Wolff. Dice Quincy Jones que Leloir era un preservador de historias. «Y el único modo de que las generaciones futuras sepan algo de sus ancestros, y de cómo forjaron la historia, es que transmitamos estas historias y la sabiduría que conllevan».


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Literatura / Turquía: Persecución a las letras turcas

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OZAN KOSE
La novelista Asli Erdogan saliendo de la cárcel de Bakirkoy en Estambul. (Foto: Ozan Kose)

C iudad Juárez, Chihuahua. 23 de mayo de 2017. (RanchoNEWS).-El pasado 2 de mayo, agentes de policía penetraron en las dependencias de la editorial Belge Yayinlari en Estambul. Buscaban pruebas que relacionasen a sus editores con un grupo armado de extrema izquierda y portaban una orden de la Fiscalía que les autorizaba a retirar dos libros —un ensayo y una novela— de circulación. Finalmente, terminaron requisando 2.171 ejemplares de cerca de un centenar de títulos con la excusa de que no poseían el sello fiscal preceptivo desde hace unos años en Turquía para sacarlos a la venta. «Todo esto es un disparate. Saben quiénes somos: una editorial respetada internacionalmente por publicar obras sobre derechos humanos, minorías y temas tabú, pero que no tiene ninguna relación con grupos terroristas», explica por teléfono el veterano editor y director de Belge, Ragip Zarakolu: «Las obras que se llevaron son ejemplares publicados durante las décadas de 1980 y 1990, cuando no existía el sello fiscal. Son libros que no vendemos, los regalamos o donamos a bibliotecas cuando lo solicitan. ¡Si hasta se llevaron unos libros del Che Guevara publicados hace cincuenta años por otra editorial que teníamos en nuestro archivo!». Reporta Andrés Mourenz desde Estambul para El País.

El suceso no pasaría de ser un hecho abusivo pero anecdótico, si no fuese por la represión cada vez mayor a la que se enfrentan los editores, escritores y, en general, los intelectuales turcos críticos con el poder. El autoritarismo del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se ha incrementado en los últimos años pero su furia censora y represora se ha desatado especialmente desde el intento de golpe de estado de julio del pasado año. «Desde la declaración del estado de emergencia, las presiones han aumentado y las restricciones se han hecho más severas», explica Yonca Cingöz, de la Asociación Turca de Editores (TYB) y cita como ejemplos los numerosos juicios por «ofensas al presidente» y «atentado contra el derecho al honor» a los que se enfrentan editoriales y escritores que publican obras críticas; las investigaciones por «terrorismo» que se abren contra ellos o los obstáculos que sufren para poder hacer presentaciones y actos públicos: «Además, últimamente, cuando un tribunal ordena retirar un libro de circulación, no nos informan, nos enteramos por las librerías, impidiéndonos su defensa».

Zarakolu cree que la razón real tras la redada que sufrió su casa editorial fue un libro recién publicado (Memorias no escritas de Recep Tayyip Erdogan) en el que el profesor Baskin Oran examina con mordaz ironía la evolución del mandatario turco. «Pienso que es un toque de atención. Ya que si hubiesen atacado directamente el libro en cuestión, eso hubiese supuesto más publicidad para la obra», opina el editor, que actualmente vive exiliado en Suecia. Allá llegó hace tres años invitado por un programa de becas pero decidió hacer de su estancia algo definitivo el año pasado. No puede regresar ya a Turquía pues en su país le espera una orden de arresto y un juicio en el que la Fiscalía exige cadena perpetua por haberse solidarizado con una publicación kurda.

Durante el último año, 42 editoriales han sido clausuradas por orden del Gobierno merced a las potestades que le confiere la normativa del estado de emergencia vigente desde la fallida asonada militar y cientos de libros han sido prohibidas, en su mayoría relacionados con el clérigo Fethullah Gülen, al que se acusa de instigar el golpe. Entre rejas hay actualmente más de 150 periodistas, columnistas y escritores. Como el novelista Ahmet Altan, encarcelado desde septiembre bajo la peregrina acusación de «enviar mensajes subliminales» a favor de la sublevación. La persecución de quienes critican al gobierno adquiere, en ocasiones, tintes aún más estrambóticos. El pasado abril, una periodista de la localidad kurda de Diyarbakir fue detenida y se le confiscaron, entre otras cosas, obras de los filósofos Baruch Spinoza y Albert Camus, a los que el fiscal encargado de instruir el caso definió como «miembros de la organización terrorista PKK».

«Sólo un país tan ignorante como Turquía puede hacer acusaciones así», afirma Asli Erdogan refiriéndose al proceso judicial al que se enfrenta: ella, que es una escritora existencialista, cuya prosa lírica tan oscura y abstrusa como bella está al alcance de pocos lectores, se enfrenta a la acusación de «intentar derrocar al Gobierno» y de «dirigir un grupo terrorista». «¿Cómo una pequeña escritora como yo, que tiene un público tan minoritario, puede derribar al poderoso Estado de Turquía? ¡Que se lean al menos cinco páginas de una de mis novelas y se darán cuenta de que mi búsqueda vital no tiene nada que ver con organizaciones armadas!», se queja tras ser excarcelada de la prisión a la que fue confinada de manera «preventiva» durante cuatro meses. Ahora está en libertad, pero su pasaporte ha sido confiscado y no puede salir del país, ni siquiera para recoger premios como el Princess Margriet que el pasado día 9 de mayo le concedieron en Holanda: «Claro que estar fuera es mejor que estar en prisión, pero no puedo sentirme libre. Ésta es una libertad de broma. Sigo teniendo miedo de que vengan a detenerme. Una palabra equivocada durante una entrevista... y de nuevo dentro».

En Turquía aún se publican muchos libros (667 millones de ejemplares en 2016) y se vende buena parte de ellos. Pero el espectro de los asuntos políticos, sociales y culturales a debate, que hace una década se abría como nunca en la historia del país, se ha reducido a un espacio exiguo. Igual ocurre en la academia, afectada por la purga de miles de profesores. Algunos han optado por eludir las críticas y no fomentar el debate entre los alumnos, temerosos de que sus propios estudiantes los denuncien. No en vano, una reedición de la novela 1984 de George Orwell estuvo durante algunas semanas del año pasado entre los libros más vendidos, después de que la recomendase el periodista Can Dündar -hoy exiliado en Alemania- en una obra que repasa los meses que pasó en prisión.

Es cierto que en Turquía todavía hay quienes resisten, tratando de publicar obras críticas más allá de la literatura de ficción -contra la que todavía no se ha atrevido el gobierno- que estimulen la discusión pública. «La libertad de publicación es la base para que la gente pueda leer libremente. Y la lectura es la base del pensamiento y el libre debate», arguye Zarakolu. Pero no sabe cuánto podrán aguantar la presión, los procesos judiciales, la persecución constante: «Esta situación un desastre para la intelligentsia, como lo fue la dictadura militar de 1980. Y lo paradójico es que esto sucede bajo un gobierno civil. Actualmente se necesita mucho valor para expresar ciertas ideas en público. Muchos intelectuales quieren irse del país porque se sienten inseguros. Turquía está perdiendo su capital intelectual, como ocurrió en Irán tras la revolución islámica».

«HAY UNA TENDENCIA A LA VENGANZA Y LA CRUELDAD EN LUGAR DE SEGUIR EL PROCESO LEGAL»

«Los escritores y periodistas en Turquía viven una inmensa presión. Si bien no es, en absoluto, por su trabajo literario o sus novelas, sino por sus críticas y trabajo periodístico», explica el Premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk a EL PAÍS a través del correo electrónico: «Algunos de mis amigos están en la cárcel porque criticaron al gobierno en periódicos o televisiones. Los famosos novelistas Ahmet Altan y Asli Erdogan han pasado meses en la cárcel. Asli, que fue liberada posteriormente, me contó las horribles condiciones en que se encuentran las cárceles. La suya era la prisión femenina de Bakirköy (Estambul), pero hemos tenido noticias de que en la prisión masculina de Silivri (Estambul) las condiciones son aún más inhumanas. Conocidos periodistas y comentaristas están en la cárcel sólo por haber criticado radicalmente el gobierno de Erdogan. Siempre está el pretexto de que estuvieron involucrados en el fallido golpe de estado, pero esas alegaciones no son convincentes y, aunque lo fueran, estos escritores no deberían estar en la cárcel antes de que un tribunal dicte sentencia. Y se les debería permitir leer y escribir. En lugar de seguir el proceso legal normal, hay una tendencia a la venganza y la crueldad contra ellos. Este tipo de prácticas son habituales durante el estado de emergencia».


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